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Sant Jordi, fuera y dentro

Jaume Subirana

Por circunstancias de la vida (y gracias a mi trabajo y al Institut Ramon Llull) este año he celebrado la 'diada' de Sant Jordi en el extranjero, concretamente en Estados Unidos, en Chicago y en Washington, de la mano de las lectoras de catalán de estas dos universidades, Alba Girons y Laura Vilardell. Y lo he celebrado con rosas y libros, y hablando de literatura y de cultura con estudiantes, profesores, traductores, expatriados, lectores extranjeros interesados y simples transeúntes, porque en el mundo hay de todo y solo hace falta salir a buscarlo y trabajarlo con paciencia, conocimiento de causa y respeto. Cosas parecidas pasaban también al mismo tiempo, que yo sepa, en Nueva York (de la manio del Farragut Fund y la infatigable Mary Ann Newman) y en Califòrnia. Un gigante escuchando a un niño, como en los cuentos.

En EEUU, Sant Jordi es un niño hablándole a un gigante. En el acto de Sáenz de Santamaría, un gigante aleccionando a un pequeño

Esto es lo que la vicepresidenta del Gobierno de España, Soraya Sáenz de Santamaria, no puede o no quiere entender cuando viene a Barcelona a presidir, sin haber sido invitada, un acto de apoyo a la candidatura de la fiesta de Sant Jordi como Patrimonio Inmaterial de la Humanidad. El problema, claro, no es que venga: el problema no es nunca ir a los sitios, en todo caso puede ser cómo vas y qué haces. Hablando sin hablar del proceso, la idea de libertad de Sáenz de Santamaría (o la de su escritor de discursos) pasa por citar en Barcelona a los comuneros (que hoy con las leyes del PP estarían en la cárcel) para recordarnos levantando el dedito que Catalunya no es más que una comunidad autónoma entre 17, y pasa por evocar una vez más qué bucólico era todo según Vargas Llosa, cuando el catalán convivía desde la clandestinidad con el castellano y el franquismo. En Barcelona, por Sant Jordi, el gigante hace discursos a los pequeños, y los alecciona en castellano.

Dicho esto, como en el caso del autobús famoso o con el 'Cara al sol' y el entierro de incógnito lleno de autoridades en Melilla, lo mejor que podemos hacer es escuchar y callar. Nosotros somos como los lectores abiertos de miras de todo el mundo, y el mundo es muy grande y contiene un montón de ideas y de puntos de vista, además de la delectación por la fuerza y la humillación de los ogros con sonrisa de ratita.

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