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NÓMADAS Y VIAJANTES

Objetivo: frenar a Le Pen

Ramón Lobo

Es difícil saber si el atentado de los Campos Elíseos favorecerá a Marine Le Pen o a Emmanuel Macron, los dos favoritos. Un tercio de los votantes potenciales no han decidido su voto, o no lo dicen. Se espera una participación cercana al 72%, similar a la del 2002, que supuso un récord de abstención. François Fillon y Jean-Luc Mélenchon no están descartados, les separan tres puntos del segundo puesto, el margen de error en unos sondeos que dejaron de ser infalibles. Puede haber sorpresas.

Lo más lógico es que Macron (presunto centro) y Le Pen (extrema derecha, por simplificar) pasen a la segunda vuelta (7 de mayo). Su intención de voto está, según la última encuesta de Harris Interactive, en un 25% y 22%, respectivamente, lejos del 28,9% de Hollande y el 27,1% de Nicolas Sarkozy en el 2012. Hay variaciones menores en las otras muestras, todas con Macron en cabeza.

Todo es tan volátil que no hay que descartar nada. Fillon y Mélenchon empatan en el tercer puesto (19%), según Harris Interactive. El conservador subió dos puntos pese a los escándalos de corrupción y el líder de la Francia Insumisa mejoró en cuatro, y está en cabeza en la región de Nueva Aquitania. Parece subido en una ola que se nutre de la necesidad de dar un puñetazo en la mesa del sistema. Es difícil predecir hasta dónde llegará Mélenchon, que en el 2012 obtuvo un 11,1%.

EL CENTRO, UN ESPACIO CASI INEXISTENTE

Es la primera vez que Macron se presenta a unas elecciones. Se declara de centro, un espacio casi inexistente en Francia. François Bayrou, el centrista oficial de toda la vida, logró un 9,13% en las últimas presidenciales. Es difícil pasar del 9% al 25%.

La centralidad de Macron se basa en su indefinición ideológica. Su gran baza es que no despierta rechazo. Gusta a los socialistas de derechas, como el ex primer ministro Manuel Valls, y a los conservadores más abiertos. Es un candidato que suma. Tiene carisma y sabe esquivar las trampas. Es joven e inteligente. ¿Será suficiente para ser presidente? ¿Son reales las encuestas? Algunos le comparan con Albert Rivera. Parece la mejor opción para frenar a la ultraderecha.

Marine Le Pen no es su padre, un fascista de libro, de los que niegan el Holocausto. Ha sabido limpiar las aristas del Frente Nacional sin alterar su esencia porque sigue siendo xenófobo, antieuropeo y antiinmigración. Lo ha dotado de presentabilidad, votarle ya no resulta inconfesable. Por eso es peligrosa: consigue movilizar el voto obrero que en el pasado votó comunista. Podría ganar la primera vuelta para perder la segunda, como le sucedió a su padre en el 2002 con Chirac, que reunió todo el voto demócrata (obtuvo más del 80%). Pero también se podría quedar fuera.

Dependerá en parte del éxito de Mélenchon, que le disputa desde otro universo ideológico el voto de la rabia. En España se le vincula con Podemos para añadir las coletillas “Venezuela” y “chavista”, algo que no funciona en Francia, más acostumbrada a la seriedad mediática. Pese a que Mélenchon copia estrategias de comunicación de Podemos, no es savia nueva. Pertenece a una izquierda con un discurso actualizado, capaz de tener gestos como el de Marsella cuando homenajeó a los migrantes muertos en el Mediterráneo. Pero tiene puntos débiles: su ambigüedad con Putin (muy de vieja izquierda). No es antieuropeo como Le Pen, solo quiere una Europa de los ciudadanos, pero amenaza como ella con marcharse de la UE.

Le Pen y Fillon tienen los electorados más fieles; en el primer caso el 84% de sus votantes está seguro de su decisión. El segundo, pese a todo lo llovido, conserva una fidelidad del 81%. El de Macron es más volátil (74%), aunque ha crecido 13 puntos en los últimos 15 días y 40 desde el 13 de febrero. Mélenchon subió 10 puntos, hasta el 70%, según la encuesta Cevipof.

FILLON O LA CORRUPCIÓN DE BAJURA

Fillon está enmierdado por una corrupción de bajura: favorecer a familiares a los que pagó con dinero público por trabajos que no se sabe si hicieron. No es la corrupción del 3% (¿o era el 4%?) o el saqueo del Canal de Isabel II, pero demuestra una incapacidad para distinguir lo propio de lo ajeno. Se suponía que en una Europa democrática, los políticos dimitían. Son duros para imponer recortes y libérrimos en saltarse los valores cristianos que dicen tener.

La supuesta resurrección demoscópica de Fillon alerta sobre un posible interés ruso de influir en el resultado de las elecciones, pero también puede deberse a que la derecha siempre vota a la derecha sin importar el número de pinzas en la nariz. Si pensamos en España, resulta más fácil. Después de todo, los defectos son más contagiosos que las virtudes.

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