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EL VETO A DISCAPACITADOS

Dos jóvenes con síndrome de Down atienden a los clientes de una panadería en Barcelona.

RICARD CUGAT

El coraje de abrir las puertas

Emma Riverola

Te cerraron las puertas. Porque ven tus ojos distintos, pero es su mirada la que está alterada. La que te ve incapaz o un niño grande, nunca un igual

Te cerraron las puertas. Así, sin más. Porque vieron en tus ojos rasgados todo lo que no entienden, todo lo que temen, todo lo que no quieren ver. Te negaron la entrada a su pequeño reino de mezquindad. Al Hotel Roca de Vinaròs (Castellón) le sobraba ese cromosoma de más con el que tú llevas toda la vida conviviendo. No quisieron ver más allá de esa estructura de ADN y proteínas. No supieron que te encanta la música o que eres un trabajador infatigable o que lo tuyo son los libros o los chistes o que eres algo tan simple, tan extraordinario, como la alegría de la casa. No quisieron ver a la persona que lucha, que se esfuerza y, también, la que tiene amigos y amores, la que ríe, baila y quiere disfrutar cada minuto de su vida. La que aún se ve obligada a reivindicar su derecho a ser feliz.

Te cerraron las puertas. Porque ven tus ojos distintos, pero es su mirada la que está alterada. La que te considera incapaz o un niño grande, nunca un igual. Y se creyeron con poder para negarte la entrada. Se sintieron con fuerzas suficientes para arrojar toneladas de sufrimiento, desilusión y vergüenza sobre ti. ¿Cómo se atrevieron? ¿Cómo podemos desprendernos de esta ignorancia que aún nos hace equivocarnos tanto en la mirada?

Votamos a ladrones que nos roban algo más que el dinero. Toleramos a corruptos indecentes que causan el sufrimiento del más débil. No nos rebelamos ante la injusticia que mata a millones de personas cada año. Convivimos con la violencia, con la pobreza, con la desigualdad, con el miedo a convertirnos en víctimas y, aún así, nos permitimos discriminar a personas por el simple hecho de tener unos rasgos físicos determinados y una discapacidad más o menos severa. 

¿De qué tenemos miedo? ¿Tan celosos somos de nuestro espacio, de nuestro tiempo que no queremos compartirlo con quien consideramos diferente? Nos falta valor para ponernos en su piel, para sentir su sufrimiento ante cada nueva barrera. Solo si nos atrevemos a aprender de su determinación, de su coraje, seremos capaces de abrir todas las puertas.

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