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Francia, reflejo de la crisis europea

Eliseo Oliveras

Las elecciones son un test para la UE con sólo un candidato europeísta entre los cuatro favoritos

El hartazgo ciudadano, el populismo, la corrupción y el desprestigio de los partidos marcan los comicios

Las elecciones presidenciales en Francia constituyen un test para la Unión Europea (UE) y reflejan cuán profunda es la crisis sociopolítica que atraviesa el continente. Los comicios también muestran la fuerza del populismo debido al descrédito de los partidos conservador y socialista y cómo siguen ignorándose los desequilibrios que han conducido al actual malestar social. 

De los cuatro candidatos que encabezan las encuestas, el liberal Emmanuel Macron es el único que se define abiertamente como proeuropeísta. El conservador François Fillon defiende una "Europa de los Estados soberanos", regida por la cooperación intergubernamental, con las políticas en común reducidas al mínimo y opuesta a la "fantasía" de modelos federalistas.

La ultradechista Marine Le Pen propone un referéndum para salir de la UE y un inviable repliegue al estado-nación en un mundo globalizado, mientras que el izquierdista Jean-Luc Mélenchon propugna forzar la modificación a fondo del tratado europeo bajo la amenaza de dejar de cumplirlo, aunque eso podría conducir a salir de la UE y del euro.

Las apuestas de Le Pen y Mélenchon parten de la ficción de que Francia es autónoma en política monetaria y puede actuar como si aún dispusiera de un banco central propio para proteger al país del riesgo de colapso financiero. Gran Bretaña puede abandonar la UE sin consecuencias económicas y financieras a corto plazo gracias a que el Banco de Inglaterra está dispuesto a suministrar toda la liquidez que requiera el sistema bancario y a comprar toda la deuda pública nacional que se emita para mantener bajos los tipos de interés y estable su valor en el mercado.

Francia, por el contrario, depende de la buena voluntad del Banco Central Europeo (BCE) y de su limitada disposición a intervenir. El BCE y su presidente, Mario Draghi, no vacilaron en julio del 2015 en cortar los fondos a la banca griega (lo que forzó su cierre temporal) para aplastar la rebelión ciudadana contra la política de austeridad y obligar al primer ministro, Alexis Tsipras, a someterse al dictado de Berlín, la Comisión Europea y el Eurogrupo.

CRISIS DE LOS PARTIDOS TRADICIONALES

Las elecciones presidenciales francesas también han evidenciado la profunda crisis de los partidos tradicionales y el hartazgo de los ciudadanos con la forma de gobernar de sus dirigentes. El presidente, François Hollande, ni se atrevió a presentarse a la reelección ante su nivel récord de impopularidad por incumplir las promesas electorales. El primer ministro, Manuel Valls, fue barrido en las primarias socialistas, que eligieron a Benoît Hamon, del ala izquierdista, que incluso había sido expulsado del Gobierno por crítico, lo que ha llevado a numerosos dirigentes socialistas a traicionarle en favor de Macron. En las primarias de los conservadores, el expresidente Nicolás Sarkozy también fue barrido y el candidato elegido resultó el menos favorito: Fillon.

Resulta revelador que los dos favoritos a pasar a la segunda vuelta de las presidenciales sean outsiders: la ultra Le Pen y el financiero reconvertido en político que acaba de crear su propio partido, Macron. Ambos pretenden estar por encima de la división derecha-izquierda. Le Pen se presenta como la verdadera representante del pueblo. Macron, exfinanciero de la Banca Rothschild, también utiliza la baza populista y se proclama "ni de derecha, ni de izquierda" y en contra un "sistema político vacio", jugando con el significado de las palabras para disimular el apoyo que recibe de la derecha y del establishment socioeconómico, financiero y empresarial.

CASO FILLON

La negativa de Fillon a renunciar a su candidatura pese al escándalo por el uso fraudulento de fondos públicos es un ejemplo del nivel de degradación ética e insensibilidad social de la clase política, que se ha habituado a la corrupción, el nepotismo, las puertas giratorias hacia el mundo de los negocios y los estrechos vínculos con las compañías. Esta situación, que alcanza niveles de paroxismo en España, resulta incomprensible en los países nórdicos o en Alemania.

Las elecciones muestran asimismo la persistente ceguera en reconocer las causas reales de la crisis económica, social y política europea. Macron, candidato favorito a ganar la segunda vuelta de las presidenciales el 7 de mayo, defiende bajo una pátina progresista continuar con la ineficaz política de austeridad y complementarla con medidas que conducirán a una mayor precariedad laboral y que recortarán el seguro de desempleo y las pensiones, pero que enriquecerán a las empresas, los inversores financieros y la gente con más ingresos vía reducciones de impuestos, como advierten entre otros Thomas Piketty o el colectivo Les Économistes Atterrés.

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