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IDEAS

Soy el libro de tu Sant Jordi pasado

Miqui Otero

Hola, soy el libro de tu Sant Jordi pasado. 

Intentaré explicarme como un libro abierto, aunque mi sino haya sido permanecer cerrado durante 12 meses. A veces, desde alguna almena de tu estantería, me da por celebrar el milagro de la vida. El espermatozoide del que procedes remontó corrientes diabólicas, avanzó en la dirección correcta distancias que medían 1.000 veces su longitud y se impuso a 250 millones de compañeros de eyaculación. No me espejo en tamaña gesta, pero cuando se me encapota el ánimo por cómo me has ignorado, pienso en que se han publicado 81.400 títulos el pasado año en este país. O en que un 39,4% de españoles no ha abierto un libro en todo este tiempo. Y la épica espartana palidece y reverdece la dicha de que me escogierais y la esperanza de que algún día me leas.

Recuerdo cómo me comprasteis a última hora, cuando los relámpagos agrietaban el cielo

 

A pocos días de nuestro aniversario, recuerdo cómo me comprasteis a última hora, cuando los relámpagos agrietaban el cielo. Mi llegada a tu mundo, aquella tarde de 'photocall' y candilejas, envuelto en la promesa del aroma de rosa. Cuando me colocaste al lado del retrato de tu pareja, la que ornó mi primera página con la divisa 'Juntos para siempre ;)' (me caía bien; hace tiempo que no la veo). O cuando me empleaste para calzar aquella cómoda de Ikea o cuando me usabas como peso para que la clavija de tu cargador de móvil hiciera contacto o mi trimestre en el 'gulag', tu baño.

A menudo escuchaba de tus labios "si vas a casa de alguien y no tiene libros, no te lo folles" y en mi corazón palpitante cuajaba una vaga ilusión. Sé de un compañero que se aferró a la promesa de la campaña 'Leer es sexy', aunque mi amigo se llama 'Breviario de podredumbre' y se apellida Cioran.

Gracias a esta espera ingrata sé que el truco estriba no en leer sino en decir que te gustan los libros. O en tenerlos. O en comprarlos el Día del libro, nuestro día de las enfermedades raras. Pero albergo una brizna de esperanza: dijo Orwell que el único crítico literario válido es el tiempo y a mí me adornan todavía las virtudes que llamaron vuestra atención. Me quedan tres días como libro de Sant Jordi y quizá hoy me abras. Como el Conde de Montecristo, confío y espero.

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