Bla, bla, bla

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Bla, bla, bla

CARLOS MONTAÑÉS

Ya tenemos el Día de Sant Jordi y Día Mundial del Libro encima y toca explayarnos en cómo mola leer, en que si ya hemos tocado fondo en el sector editorial y parece que empezamos a levantar cabeza aunque lentamente, que si el informe PISA nos pone por debajo o por encima de la media europea en lo que a comprensión lectora se refiere y bla, bla, bla.

Y durante esas tertulias culturales que mantendremos entre fiesta y fiesta literaria, volveremos al manido tema del fomento de la lectura, de que es necesario hacer más campañas ad hoc, que las realizadas en el pasado fueron un desastre (“¿te acuerdas de aquella del mono?” dirá alguien), que hay que invertir dinero pero no para cubrir el expediente, que el problema reside en que los políticos no leen y bla, bla, bla.

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Sé que el Ministerio de Educación, Cultura y Deporte ha presentado el Plan Cultura 2020 donde aparece, entre otras cosas, un necesario plan de fomento de la lectura. O que desde hace un año, desde el Observatorio de la Lectura y el Libro que depende de este ministerio, iniciaron Lectureando: un espacio web en el que difunden una serie de iniciativas muy especiales que se llevan a cabo en el país y que merece la pena conocer. En Catalunya también se han puesto las pilas y el 'conseller' de Cultura anunció el otro día la creación de una Direcció General del Llibre, y me consta que se está ultimando un plan estratégico de lectura a tres años vista que se dará a conocer en breve. A lo mejor en el 2020 tenemos suerte y subimos uno o dos puntos el ratio de lectores.

Así que no seré yo quien se cargue el imprescindible apoyo institucional a los libros, pero hasta que esto de la lectura no llegue de verdad a los parlamentos y se trate como lo que es, un tema de prioridad nacional, seguiremos más o menos igual. Necesitamos un consenso político unánime y a largo plazo, si hace falta una ley orgánica que sobreviva al margen de quien gobierne y que nos obligue a todos, y digo a todos, sectores públicos y privados, a apoyar la lectura. Solo la transversalidad y el compromiso reglado lograrán que las futuras generaciones lean más. Lo demás, ya saben, es bla, bla, bla.