EL ANFITEATRO

Elsa y el cisne, sin Wagner

El Festival de Pascua de Salzburgo presenta 'Lohengrin', una ópera de cámara de Salvatore Sciarrino

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Sarah Maria Sun (Elsa), en la ópera de cámara ’Lohengrin’, de Salvatore Sciarrino, representada en el Festival de Pascua de Salzburgo.

Sarah Maria Sun (Elsa), en la ópera de cámara ’Lohengrin’, de Salvatore Sciarrino, representada en el Festival de Pascua de Salzburgo. / OFS / CREUTZIGER

Salvatore Sciarrino (Palermo, 1947) estrenó su ‘Lohengrin’ en la Piccola Scala de Milán, en 1983. Han pasado más de tres décadas desde entonces y esta ópera de cámara mantiene bien viva su fuerza original como se demostró en el Aula Magna de la Universidad de Salzburgo representada dentro del Festival de Pascua. Es una fuerza que no gusta a todo el mundo como demostraron las deserciones de muchos espectadores, quizá convocados erróneamente por un título que remite a Wagner, pero de cuya ópera homónima solo quedan en la realidad Elsa, y en el sueño, el cisne.

El compositor italiano, más que en Wagner basó su obra en el poeta simbolista francés de origen uruguayo Jules Laforgue (muerto de tuberculosis a los 27 años en 1887), autor de ‘Moralités legendaires’. Según la versión del poeta, una Elsa virginal casada con Lohengrin es acusada de ser impura y es abandonada por el caballero.

La obra de Sciarrino, subtitulada ‘Acción invisible para solista, instrumentos y voces’, es dura y difícil. Cuenta con un único personaje en escena, con Elsa, que apenas canta. Habla, recita y profiere numerosos sonidos ya sean guturales o chasquidos con la lengua. Lo hace interpretando un doble papel, el suyo y el de Lohengrin, para contar lo que ha ocurrido en el pasado, cómo el caballero llega montado en su cisne, cómo en la noche nupcial Elsa le reclama sus deberes conyugales, cómo él se niega, y cómo el recién casado se agarra a una almohada que se convierte en cisne y huye. A medida que avanza la obra parece evidente que Elsa, esta mujer desgarrada, se encuentra en un hospital psiquiátrico.

Todo está visto con los ojos de ella y, en palabras del compositor, “los instrumentos de la orquesta son un eco, amplifican en el vacío todo lo que la solista aclara”. Solo al final aparecen brevemente tres voces masculinas a modo de coro. Una obra así con una única protagonista en un papel tan exigente requiere una muy buena cantante-actriz. La soprano Sarah Maria Sun es esta Elsa que intriga al espectador, que lo atrapa con su dolor por una pérdida incomprensible, incapaz de salir de este cerco entre el sueño y la realidad del pasado.

Peter Tilling, experto en ópera contemporánea (ha dirigido estrenos absolutos de Wolfgang Rihm y Philippe Boesmans, entre otros) guió al grupo oenm (ensemble austríaco para la nueva música) en esta partitura nada fácil. Firma la puesta en escena Michael Sturminger con unos decorados realistas, pero con un punto inquietantes de Renate Martin y Andreas Donhauser.

Sciarrino es conocido por su reinterpretación de otros compositores, de Gesualdo en particular. Completaban el programa a modo de prólogo de la ópera ‘Lo spazio inverso’; ‘Se la mia morte brami’ que es la pieza número 3 de su ‘Gesualdo sensa parole’, y su reelaboración de ‘Lamento de la Ninfa’, de los ‘Madrigali guerrieri  et amorosi’, de Claudio Monteverdi.

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