08 abr 2020

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El debate sobre un sector clave

Turistas en la Rambla de Barcelona.

FERRAN NADEU

¿Turismofobia? ¿Turismofilia? ¡Buen gobierno!

Jordi Baiget

Culpar en exclusiva al turismo de la gentrificación, de los alquileres caros, del incivismo o de destruir la esencia ciudadana, es hacer un análisis sesgado

El turismo es oportunidad. En tiempos de crisis ha sido uno de los sectores más resistentes y un generador de empleo. En los últimos meses, sin embargo, se ha generalizado un discurso opuesto, que se origina y esparce por el efecto altavoz que genera Barcelona y que incorpora una carga ideológica que supera el análisis objetivo de los hechos.

Acepto que determinadas zonas de Barcelona sufren una elevada concentración de flujos turísticos, aspecto que hay que afrontar y regular, pero de ahí a culpar en exclusiva al turismo de la gentrificación, del encarecimiento de los alquileres, del incivismo, o de la destrucción de la esencia ciudadana, es hacer un análisis sesgado de la realidad.

¿O es que la construcción de la Vila Olímpica no tuvo efectos sobre muchos barrios? ¿Qué pasa cuando se decide cubrir una parte de la Ronda? ¿O qué pasará con el entorno de la plaza de las Glòries? Hay muchas decisiones que tienen efectos sobre la ciudad, sobre la oferta de pisos de alquiler o sobre el efecto expulsión, que no son provocados solo por el turismo. Las ciudades son tramas interrelacionadas.

VISIÓN ESTRATÉGICA

Barcelona, ​​como ciudad de referencia que es, tiene una gran capacidad de atracción, de turismo, sí, pero también de actividad y sobre todo, de talento. Por lo tanto, hay que regular el turismo para garantizar su viabilidad en el futuro, pero hay que hacerlo con visión estratégica, sin abusar de medidas tacticistas.

Me inquieta la estigmatización que se hace del turismo. Decidir perder proyectos como la instalación de un Four Seasons en Barcelona parece un lujo del que no deberíamos prescindir. No solo por la inversión y el empleo directo que crearía sino por la que podría inducir en otros sectores. O bien, hay que ser conscientes de que si queremos estar conectados con las principales ciudades del mundo desde el aeropuerto de Barcelona, ​​uno de los factores más importantes de atracción es que la ciudad sea puerto base de cruceros.

Además, la realidad del país va más allá de Barcelona. Y hoy desde el conjunto del país nos reclaman que hagamos del turismo una política relevante. Se nos pide que gestionemos su complejidad, no que la condenemos. Hay que entender el turismo como un sistema amplio con varios actores: gestores privados, administraciones públicas, ciudadanía y yo quisiera añadir, los propios turistas. Y en función de esta base, hay que gestionarlo. Con buen gobierno.

El sector es relevante para el país. Supone un 12% de nuestro PIB y genera alrededor del 13% del empleo. Como Govern defendemos el sector de forma desacomplejada con herramientas como el plan estratégico; con el programa anual de planes de fomento; con la difusión y el apoyo a la comercialización, desde la Agència Catalana de Turisme; o con el impulso a la investigación y la innovación.

Y uno de los principales objetivos que persiguen estas medidas es desconcentrar el turismo de Barcelona hacia el resto de Catalunya. El nuestro es un país pequeño, pero muy variado: tenemos la suerte de tener Barcelona, ​​que como capital tiene un plus de responsabilidad adicional con el sector, pero también tenemos el resto del territorio. Y hay que aprovechar las oportunidades que cada lugar del país nos genera. Sin miedo.