Dos miradas

Sin tu latido

La vida nunca es absurda. Solo es absurdo olvidarnos de lo que podemos compartir, de lo mucho que podemos construir

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Chacón se despide de un diputado socialista a la conclusión del último pleno de la 11ª legislatura, en abril del año pasado.

Chacón se despide de un diputado socialista a la conclusión del último pleno de la 11ª legislatura, en abril del año pasado. / AGUSTÍN CATALÁN

Amigos, compañeros y adversarios se han mostrado conmocionados por la muerte de Carme Chacón. Más allá de las disputas, de las rencillas, de los pulsos por el poder, lo que queda es el lamento por una mujer joven que desprendía vitalidad y por un niño que quizá aún no comprende el vacío que se abre ante él. Al fin, la muerte nos desnuda de las ambiciones y las prisas, de los éxitos y los fracasos, de todo aquello que parece tan urgente, tan imprescindible, de esa inquietud que devora los minutos, los días, los años…

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No podemos vivir con el peso de la muerte a cada instante. Nos ahogaríamos en la melancolía. Pero basta con detenernos un segundo y recordar la finitud de la vida, tener presente el privilegio de estar vivo, para cambiar la mirada. Qué fuera de lugar parece el tuit de burla, el comentario hiriente cuando, de repente, sabemos que ya no queda aliento en ese rostro convertido en pasado. Las condolencias siempre son amables y, frente a la cicatería de las informaciones en vida, afloran las bondades de la persona fallecida. Entonces, quizá nos percatamos de que estábamos más próximos a ella de lo que creíamos, de lo que queríamos. Y quizá descubrimos que hubieran existido territorios por explorar juntos. 

«Qué terriblemente absurdo es estar vivo sin el alma de tu cuerpo, sin tu latido», canta Luis Eduardo Aute. No, la vida nunca es absurda. Solo es absurdo olvidarnos de lo que podemos compartir, de lo mucho que podemos construir.