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Hacen falta cinco grandes actuaciones, cinco partidos convincentes para añadir relato a la gesta ante el PSG

Era la última bola de la noche y estaban a punto de decir adiós a esta Champions. Ya no había más monedas en los bolsillos. No habría más 'pinball' -aquel juego estrella de los salones recreativos de los años 80- por una temporada. Pero entonces pasó, en el último suspiro se iluminó inesperadamente el indicador de bola extra. Por eso el Barça está en Turín, cuando lo más normal hubiera sido que tanto jugadores como aficionados se sentaran este martes ante el televisor, dispuestos a escuchar resignados desde el sofá ese himno que tanto gusta.

Ahora toca aprovechar al máximo esa bola extra, porque el regalo no ha sido barato. El Barça pagó en Riazor la borrachera de la remontada, lo admitió ese mismo día Gerard Piqué. Y de la misma manera, sin partido de Champions esta semana, el equipo que hubiera saltado en Málaga, además de no necesitar rotaciones, hubiera ido a por el partido con la voracidad que proporciona la necesidad. Dos tropiezos sin los cuales la Liga tendría otro color.

MARGEN PARA EL OPTIMISMO

Con partidos cada tres días y un entrenador convencido de que sus jugadores no llegarán a mayo si no usa las rotaciones, no hay mucho margen para el optimismo. La empresa ya era difícil de por sí y se endureció aún más en el momento en que Sergi Roberto remató con el alma aquel balón centrado por Neymar. Elegimos jugar la bola europea pero, a cambio, perdimos casi de manera inconsciente el autobús de la Liga. Sin el horario delante no estamos seguros de que vaya a pasar ningún otro más tarde.

Quizá haya llegado el momento de conseguir un nuevo hito, ir por una vez contra la historia, esa que dice que sin Liga no hay Champions

La apuesta es arriesgada, pero Europa parece ahora un objetivo más asequible. Quizás haya llegado el momento de conseguir un nuevo hito, ir por una vez contra la propia historia, esa según la cual el Barça no ha sido capaz de ganar una sola Champions sin que llegue acompañada del dobleteSin Liga no hay Champions, dice la norma.

Hacen falta cinco grandes actuaciones, cinco partidos convincentes para añadir relato a la gesta ante el PSG. Porque aquella recuperación de Ter Stegen como mediocentro, aquel amago de Neymar con la derecha para centrar con la izquierda, aquella aparición de Sergi Roberto a la espalda de la defensa francesa, aquel gol que desató la locura en el estadio -y fuera de él-, puede ser el recuerdo de una noche histórica o el de la noche que permitió el camino hacia Cardiff. Como Kaiserslautern lo fue para Wembley hace 25 años, como Stamford Bridge lo fue para Roma. Una simple bola extra que costó una Liga, o la bola con la que hicieron el récord de puntuación del 'pinball'.

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