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Nuevas relaciones familiares

Una gran familia

FRANCINA CORTÉS

Una gran familia

Jenn Díaz

Los niños suelen ser los primeros en simplificar el conflicto y en adaptarse a la situación que viven

Pasé toda mi infancia y adolescencia explicando que no, mis hermanos no eran hermanos de padre y madre, pero sí, eran mis hermanos, y sí, vivíamos juntos, y no, no teníamos el mismo padre, y no, no eran mis hermanastros, eran mis hermanos, y sí, los quería como si fueran hermanos de padre y madre, y no, el apellido no era el mismo, y sí, conocía al padre de mis hermanos, e incluso a los hermanos de mis hermanos, y no, los hermanos de mis hermanos no son mis hermanos.

Ahora, de adulta, cuando ya no hace falta que dé tantas explicaciones sobre mis hermanos, las doy con mi hijastra. Como dice Berta Rubio Faus (impulsora de 'Va de papus'), cuando ves a una familia enlazada por la calle, cómo se acercan, cómo se comportan, parece una familia tradicional, pero en cuanto la tienes al lado te das cuenta.

No, no es mi hija, sí, nos llevamos bien, sí, tenemos custodia compartida, no, no tenemos problemas, sí, nos costó un poco al principio, sí, parezco su madre, y sí, la llamo hijastra porque no hemos encontrado una palabra todavía para que la gente nos emparente. Los primeros días, tanto en un caso como en el otro, pierdes mucho tiempo explicándote, porque quieres que la gente sepa la verdad, pero con los años te das cuenta de que no, no importa, son mis hermanos, y no, no importa, no es mi hija pero como si lo fuera.

MIEDOS Y PREJUICIOS

Siempre he reivindicado la palabra madrastra, la uso con naturalidad para quitarle los miedos y los prejuicios a la gente. Mi hijastra y yo a veces nos hemos visto obligadas a matizar, sobre todo ella cuando habla con sus amigos: soy su madrastra, pero la trato bien. La gente a nuestro alrededor se sorprende de que la usemos con tanta normalidad obviando la carga negativa, pero es que las familias enlazadas es lo único que pretenden: normalidad. O bien 'explicoteándose', o bien siguiendo la corriente a los que creen que somos hermanos de padre y madre o madre e hija. Qué más dará.

En estos momentos, circula por las mesas de novedades un libro que necesita lo mismo que las familias como la mía: explicaciones, instrucciones, y las primeras veces no cuadra nada. Cuando empiezas a compartir tu vida con los hijos de tu pareja sucede: no tienes ni idea de cómo debes hacerlo para que la vida familiar fluya. Pasas la mayor parte del tiempo en tensión, confiando en que cuidando y queriendo a los niños las cosas se pongan en su lugar. A veces se ponen en su lugar, y otras veces no.

En la mayoría de los casos, los niños son los que menos oposición añaden a la situación, son los primeros en simplificar el conflicto y en adaptarse a la nueva escena familiar. Cuando un niño no pone de su parte, es fácil: habrá que fijarse en sus progenitores para saber qué está fallando. Este libro que se abre al revés y se lee de derecha a izquierda, este libro con el lomo mal colocado y con una maquetación del demonio, se titula Enllaçar-se i altres embolics. Son diez relatos que hablan, en positivo, de la diversidad familiar. A diferencia de la mayoría de libros que tratan este tema -escasos, por cierto-, que lo hacen desde el conflicto, el dramatismo y la imposibilidad... estos diez relatos, además de usar una terminología amable -madres, padres e hijos afines; abuelos, tíos, nietos y sobrinos afines; 'mamus' y 'papus'- tenían como requisito acabar bien.

LA GRAN FAMILIA

El libro pretende, desde el título pasando por las historias y acabando por el funcionamiento del objeto, rendir homenaje a las nuevas familias, las que necesitan un árbol genealógico más amplio, con notas en los márgenes, para ser comprendidas. La gran familia. Empezamos sin manual, vamos improvisando sobre la marcha, nos enfrentamos a los celos, las manías, los problemas sin resolver y los conflictos de lealtad entre adultos. Nos conciliamos no solo con el mundo laboral, sino con otro universo paralelo que es la casa del otro progenitor.

Educamos en conjunto, por duplicado y, a veces, en contradicción

Luchamos por encontrar diminutivos y nombres cariñosos para el día a día. Nos esforzamos por no hacer diferencias entre sangre y no sangre. Cuadramos agendas, miramos al milímetro las vacaciones, duplicamos mochilas de entreno y chaquetas de invierno. Educamos en conjunto, por duplicado y, a veces, en contradicción. En medio, no lo olvidemos, unas personas están formándose... y nos necesitan.

Nos necesitan a todos: padres, madres, 'papus' y 'mamus', seis abuelos, diez primos hermanos y sin hermanar. De eso quiere hablar este libro de elpoblet edicions (benéfico, además): de la normalidad que precisamos, y del gran vacío que hay en la ficción. Igual que las paternidades de los colectivos LTGB o los grupos de apoyo de familias de adopción o acogida, los afines tenemos que organizarnos. Y eso es lo que vamos a hacer.