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Pequeño observador

Cuando el sueño es un amable amigo

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Cuando el sueño es un amable amigo

Josep Maria Espinàs

Mis relojes tuvieron que aceptar con el cambio de hora que yo era dueño ocasional del tiempo

Una vez más a lo largo de mi vida he tenido que adelantar una hora a la que marcaban las agujas del reloj. Lo diré en plural, porque en casa debe haber cuatro o cinco relojes en diferentes espacios. No todos marcan con exactitud los minutos y los segundos y ninguno de ellos puede exhibir la jerarquía del mando de la hora, porque están en habitaciones diferentes y no pueden verse.

Por razones de familiaridad quizá consultamos más lo que está en una repisa de la sala de estar y es él el responsable de la desazón que me coge cuando se acerca la hora de salir a la calle. Mi manía de la puntualidad hace que a menudo no le haga caso cuando me dice: «Espera hombre, no te agobies, ¿no ves que te sobra tiempo?».   Sí, ya sé que me sobra tiempo, y esto es precisamente lo que me gusta. A veces me dicen que voy a perder el tiempo, pero yo pienso que gano ese tiempo. Mi vocación por la puntualidad –«exagerada», a veces me dicen– me proporciona la ocasión de observar lo que tengo a mi alrededor mientras espero que llegue el momento justo.

Hace días tuve que adelantar los relojes. Todos ellos tuvieron que aceptar que –tanto los segundos adelantados como los retrasados– yo era el propietario ocasional del tiempo. Pero después he leído en este diario un artículo de Àngels Gallardo que recoge esta opinión de los médicos: el cambio de hora puede producir efectos negativos. Me ha impresionado leer que nuestro organismo tarda diez días en asimilar el impacto que provoca el retraso o el adelanto de la hora en el cuerpo y la mente de los humanos.

Debo confesar, haciendo un ejercicio de modestia, que seguramente no tengo suficiente importancia para que el 'dios de las horas' se ocupe de saber cuándo y cómo me duermo y me despierto.  No tiene ninguna importancia. El sueño es un amigo puntual, que sabe cuándo tiene que acompañarme y cuándo me ha de dejar solo para festejar con el día

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