Ir a contenido

IDEAS

El músico británico Sam Kidel.

Soy la música, ¿en qué puedo ayudarle?

Miqui Otero

La música más triste de la historia puede ser un nocturno de Chopin, un bolero de Jaramillo, un zarpazo punk de Television Personalities o 'El cóndor pasa' tocada por un músico del metro. También aquella canción de King Africa del verano del 98 o eésa de Richard Clayderman que la entidad bancaria te brinda cuando deja tu llamada en espera.

Para muchos, la música más triste de la historia es la que te recuerda a quien has perdido. Para Sam Kidel, del colectivo de Bristol Young Echo, es la de los teleoperadores no obteniendo respuesta a sus "¿hay alguien ahí?", "¿en qué puedo ayudarle?", "¿hola? Solo oigo ruido". Kidel presenta estos días en directo una pieza de 20 minutos con estos mensajes colocados sobre una colchoneta musical abstracta. El resultado da más ganas de llorar que picar cebolla para una paella de récord Guiness. El hilo musical de la joven precariedad.

Yo podría haber participado. De mi paso por el sector teleoperador recuerdo una mañana mágica: el jefe, que pinchaba nuestras llamadas, me había sancionado por un par de tacos durante una encuesta sobre lavadoras. En el descanso para el desayuno, mi boyante cuenta no alcanzaba los 20 euros que expende el cajero, circunstancia que me obligaba a pedir el dinero en ventanilla. Cuando regresé al bar con mis 8,23 euros, el tiempo se había agotado, por lo que, durante las siguientes horas, los ruidos de mi estómago sirvieron de 'ambient' a mis preguntas sobre un nuevo presi del Barça.

La diferencia entre oír de fondo un hilo musical y vibrar con tu canción es la misma que existe entre sobrevivir y vivir

Así que entiendo a Kidel cuando quiere ilustrar que el hilo musical no es solo ruido inofensivo, sino arma de control y síntoma de alienación. Que incluso las mejores canciones pierden ahí su alma. "Me asusta caerme en una alcantarilla y encontrarme abajo con 500 músicos en paro que van a tocarme 'La chica de Ipanema' hasta matarme", escribió Tom Waits.

Según estudios recientes, compramos más con 'Fiebre del sábado noche' y nos decantamos por vinos más caros si suena música clásica. Yo nunca me fío de estos estudios, pero sé que la diferencia entre oír de fondo un hilo musical y vibrar con tu canción es la misma que existe entre sobrevivir y vivir. Entre lo que nos dan y lo que queremos.

Temas: Música

0 Comentarios
cargando