04 jul 2020

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Las cuentas del Estado

Cristóbal Montoro presenta los presupuestos en el Congreso.

JUAN MANUEL PRATS

Faena de aliño

José Antonio Bueno

Estos Presupuestos llegan tarde y solo tendrán media año de vida por delante. Los 'buenos' serán los del 2018

Comenzar el trámite de los Presupuestos del 2017 en abril del 2017 implica que en el mejor de los casos se aprobarán en junio, es decir, con solo medio año por delante y a escasos meses de formular los del 2018, toda una señal del atasco parlamentario que hemos sufrido en el 2016. Y ya anunció el presidente del Gobierno una votación reñida, solo medio escaño a su favor. Parece que las enmiendas a la totalidad se desestimarán tras tres empates consecutivos y luego se conseguiría aprobarlos en el debate con el posible voto de Nueva Canarias, todo ello en futurible, si nadie de los previstos se cae o simplemente si nadie se acatarra.

Se ha pasado de aprobar con rodillo a tener que hacerlo con encaje de bolillos guardando las formas hasta el último detalle tanto por la aritmética de los escaños como por la situación de transitoriedad del principal partido de la oposición. Estos Presupuestos Generales del Estado están destinados a vivir medio año (salvo prórroga) y los 'buenos' serán los del 2018, a negociar tras el verano. Y aunque estos son relativamente de trámite tienen algunas cosas interesantes.

MENOS INVERSIONES

Los Presupuestos cada vez dedican más dinero a gasto y menos a inversión. Las pensiones, el subsidio de desempleo, los intereses de la deuda, las transferencias a las comunidades autónomas, el salario de los funcionarios…, el Estado tiene muy poco margen de maniobra real para invertir.

La inversión pública, motor del 'desarrollismo' tras nuestra entrada en la UE no es previsible que vuelva. Tendremos algún kilómetro más de AVE, puede que el Corredor del Mediterráneo tenga un empujón, pero la etapa de los aeropuertos y rotondas por doquier se fue para no volver. Afortunadamente las empresas son las tractoras reales de nuestra economía. 

EMPLEO PÚBLICO

En cualquier caso no cabe duda de que estos Presupuestos contemplan la mayor oferta de empleo público que se recuerda. A pesar de ser un dato objetivo hay que ponerlo en el contexto de años de recortes y el grueso de esa oferta será para convertir el 90% de empleo temporal en fijo, así como para reponer las bajas por jubilación.

La otra cara de la moneda es que se ha perdido una excelente oportunidad para racionalizar algunos servicios. Se ha recortado como y donde se ha podido y ahora se recuperan plazas sin plantearse si la dimensión es la correcta o no. Sigue pendiente una reconversión integral de la función pública

SOLO UN CONSUELO

Esta 'solidificación' del empleo público constituye la principal línea argumental de estos Presupuestos. Con un cuadro macro positivo (crecimiento de al menos el 2,5%), ingresos récord y déficit aparentemente embridado volvemos donde estábamos, lo cual es un consuelo, pero no necesariamente una buena noticia.

Hemos pasado años de crisis y recortes y no tenemos un nuevo modelo de la función pública ni de financiación autonómica ni hemos resuelto el futuro de las pensiones. Ojalá los Presupuestos del 2018 encaren cambios que son absolutamente necesarios. A los del 2017 les queda ahora un complejo trámite parlamentario, pero llevan fecha de caducidad antes de iniciarlo.