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Al contrataque

La Unión Europea no la hemos construido desde el corazón ni desde la cabeza. Solo pensamos en el bolsillo propio

La Unión Europea tiene los días contados. Sí, es solo una opinión, pero después de ver el lamentable espectáculo por parte de nuestros representantes frente a Theresa May, mi confianza en que siga funcionando el artefacto en el que estamos tiende a cero. Ponerle pompa y circunstancia a la entrega de la carta de renuncia del Reino Unido como socio denota que ni hay criterio, ni hay plan, ni nadie que calcule las consecuencias del desaguisado.

También hoy convendría recordar cómo ha sido la convivencia con los ingleses. Ellos, ventajistas, nunca se entregaron al proyecto, jugando a esto tan nuestro de 'la puta y la ramoneta'. Y es que nadie se cuidó de que el proyecto fuera sólido. A nadie le interesó que el Parlamento europeo o nuestras demás instituciones comunitarias estuvieran por encima de las decisiones de cada Estado, en pro de un interés común que aún nadie ha impulsado ni explicado. La UE no la hemos construido desde el corazón ni desde la cabeza. Solo pensamos en el bolsillo propio.

Socios dispares e incontrolados; fiscalidades diferentes; grupos de poder en cada Estado miembro tratando de no perder comba en su pequeño proyecto nacional e intentando pasar la factura al grupo. Desconfianza y picaresca. Y pese a tal guirigay, poca cohesión e intereses contrapuestos, una moneda única. El temporizador de la bomba hace tiempo que inició su tic-tac.

Delors ya nos advirtió del peligro y hoy los peligros son todos. Nuestra fragilidad es tal que, tras los ingleses, estamos pendientes de Le Pen y antes de Grecia. Se nos aparece la sombra de Italia, como hace tres años surgió la de España. La UE no tiene ni unión ni quórum. Somos socios de un club de conveniencia.

UN GRAN GALIMATÍAS

Como europeos estamos en falso y esto se nota en cualquier detalle. Al independentismo catalán se le amenaza con la salida del euro y de Europa, al tiempo que vemos cómo algunos abogan por otro referéndum para los escoceses. El galimatías es de nivel. Nadie se moja lo suficiente porque nadie sabe quién tiene autoridad para hacerlo y los burócratas defienden un empleo que cada día se antoja más absurdo. 

Si nos hubiéramos creído Europa, seríamos europeos. Ni españoles, ni alemanes, ni griegos, ni pícaros: europeos. Iguales. Indistinguibles en derechos, deberes, salarios y prestaciones. Pero esto no pasó y con los tapones inmovilistas de cada Estado nunca sucederá. Esto del 'brexit 'pasará y volverán otra vez con lo de la Europa de varias velocidades. Intereses monetarios. Asu ntos de negocios. Nada más. Y cuando uno solo mira la cartera y no el corazón, sus posibilidades para seguir siendo tienden a cero. La política sigue sin dar soluciones. Es más, quizá lo que consiga es estropear para siempre una posibilidad que por su culpa nunca fue: nuestra casa común europea.

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