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EL PROCESO SOBERANISTA

''Finis Hispaniae'

Joaquim Coll

Homs ha tenido que abandonar el Congreso y, contra lo que anunció, el Estado español sigue

Ahora que las editoriales deben estar preparando las reimpresiones de los libros de Historia de España para Segundo de Bachillerato deben de saber que todavía están a tiempo de incorporar un último capítulo sobre el tantas veces anunciado «fin de España». Se trata de una antigua profecía cuyo sentido se capta mucho mejor en su expresión latina 'finis Hispaniae'. Se ha formulado muchas veces a lo largo de los siglos como un vaticinio inevitable e irrefutable. Los cronistas cristianos ya creyeron estar presenciándolo cuando se produjo el hundimiento de la monarquía hispanovisigótica con la entrada de los sarracenos en el 711 y la ocupación de la Península durante siglos.

Expulsados los «infieles musulmanes» y cimentado el Estado moderno español con los Reyes Católicos, el 'finis Hispaniae' volvió a aparecer en tiempos de Felipe II con la derrota de la Armada invencible en 1588. Desde entonces esa terrible profecía se ha formulado por lo menos una vez cada siglo. Citemos solo la separación de Portugal y la revuelta en Catalunya en el siglo XVII. O el estallido de la guerra de Sucesión a principios del XVIII, que a punto estuvo de desmembrar los territorios de la Monarquía Hispánica. Un siglo más tarde, frente a la invasión napoleónica se libró nada menos que la guerra de la Independencia. Y el fin de España se volvió a cantar con mucha angustia por la generación del 98 ya entrado el siglo XX.

Pues bien, pese a todo nada logró consumar el 'finis Hispaniae'. Tampoco ha sucedido esta semana. Igual no lo recuerdan, pero Francesc Homs lo afirmó solemnemente a principios de febrero. Si hay condenas por el 9-N será «el fin del Estado español». Si me quitan el escaño, España kaput, vino a decir el portavoz del PDECat. De nuevo la terrible profecía. Sin embargo, no ha pasado absolutamente nada. El político de Taradell ha tenido que abandonar el Congreso y el Estado español no se ha hundido. También amagó con desobedecer y oponer resistencia. A la vista está que más que una profecía Homs lanzó otra bravuconada. Ahora dice que se siente feliz. Pues mejor. 

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