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Marine Le Pen.

REUTERS / STEPHANE MAHE

Zapando la democracia

Pere Vilanova

Este año será el año de todas las turbulencias electorales, y una de estas turbulencias es el del famoso problema del llamado populismo. Se aplique el concepto al caso 'brexit', al caso Trump, o lo que sea que esté por venir (Le PenBeppe Grillo u otros), parecería que estamos ante un fenómeno nuevo. O mejor, ante una amenaza de nuevo tipo a la democracia. Pero ni es exactamente nuevo, ni de momento sabemos muy bien hasta donde llegará. Por ejemplo, no sabemos (o no podemos demostrar de modo irrefutable) si los recientes y esperanzadores resultados en Holanda tienen relación directa con lo que Donald Trump ha demostrado en los escasos dos meses y medio de mandato. Pero en la era de las redes y de la hiperinformación a velocidad de la luz, es muy probable. Se imponen algunas reflexiones, pues, para no caer en más simplismos.

Ante todo, ¿qué tienen en común Marine le Pen, Nick Farage, o Geert Wilders? ¿Su sectarismo ideológico extremo? Ciertamente, pero esto es la parte fácil de la ecuación. Tienen en común que realmente nunca han gobernado, nunca han llegado a presidente o primer ministro, y por ello su “ideología”, por no decir sus “programas”, son un encadenamiento de simplezas por demostrar. La mala noticia sería que para que sus fans actuales se desencantasen, deberíamos aguantarles en puestos de máxima responsabilidad gubernamental durante varios años. Pero el desencanto estaría garantizado. ¿Piensa Le Pen crear empleos en Francia, para franceses “blancos y cristianos” cerrando fronteras y obligando a los franceses a producir francés y consumir francés? Esto no funciona así desde hace por lo menos varias décadas. ¿Piensa Farage algo?  No parece, puesto que consiguió ganar el referéndum del 'bréxit'…  para al día siguiente declarar que había sido muy interesante, pero que se volvía a su casa. Dicho y hecho, esta semana el último europarlamentario del UKIP dejaba el barco. Beppe Grillo ha conseguido en estos últimos años desguazar a su partido por dentro, y seguimos sin saber qué piensa de ninguna política pública en ninguna materia concreta.

PROBLEMA ESTRUCTURAL

También es un cortafuegos el sistema electoral, como en el caso de Francia, a dos vueltas. Marine Le Pen no parece tener mucha oportunidades. Pero el daño a la sociedad democrática es considerable. Por ejemplo, estos personajes han conseguido, sabiendo lo lejos que les sigue quedando el poder ejecutivo, que el resto de los partidos políticos se hayan dejado contaminar por su agenda tóxica, han conseguido que en las elecciones sus candidaturas sirvan como banderín de enganche de todos los desencantados del “sistema”. Como si ellos no fueran el sistema. Y sirven de combustible subyacente para que el resentimiento social –multiplicado por casi diez años de crisis—vaya desarticulando la totalidad del espectro político tradicional, que falla estrepitosamente como cortafuegos. No es un tema coyuntural, es un problema estructural, y no sólo se trata de la crisis del Estado social, es una bomba de relojería contra el contrato entre sociedad y política. Y aquí tenemos un problema, nosotros, nuestros hijos y nuestros nietos.