03 jun 2020

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El debate soberanista

La organización juvenil de la izquierda independentista, afín a la CUP, avisa de que la autodeterminación no se negocia.

ARRAN DEL POBLENOU

La CUP es una y coherente

Josep Martí Blanch

El asalto a la sede del PP por parte de los jóvenes de Arran no puede sorprender a nadie

Los cupólogos y los sabios afirman que hay muchas CUP. Tantas como pueblos donde está implantada, tantas como personas comprometidas en su organización, tantas como motivaciones encuentran los votantes para hacerla depositaria de su confianza. La CUP faísta, la CUP comunista, la CUP independentista; la CUP de Girona y la CUP de Barcelona; la CUP de Arran, la CUP de Endavant y la CUP de Poble Lliure; la CUP que empata y la CUP que desempata; la CUP de azúcar y la CUP amarga; la CUP leída y la CUP de consigna; la CUP amable y la CUP grosera; la CUP de terciopelo y la CUP de hierro.

Toda esta literatura del matiz no es incompatible con la existencia de una sola CUP, cobijada bajo el paraguas de los atributos comunes de la extrema izquierda que aspira a la revolución sin matices. Y, claro, una revolución no se hace sin individuos revolucionarios y sin métodos revolucionarios.

"CLÁSICA ACCIÓN DE CALLE"

Por eso el asalto de la sede del PP por parte de los jóvenes de Arran, acompañados de la diputada Anna Gabriel y del exdiputado David Fernàndez, no ha de ser visto como un error sino como un ejercicio de coherencia por parte del colectivo cupista. El diputado Benet Salellas se ha referido a ello como una «clásica acción de calle», para añadir que la CUP las «asume todas» porque tienen «todo el sentido». Efectivamente. Igual que se asume la defensa de los violentos cuando provocan altercados en Gràcia por un desalojo, cuando impiden el acceso al Parlament de los diputados el día que han de aprobarse unos presupuestos o cualquier otro acto de coerción que pueda marcarse con el sello de en nombre de la revolución.

Los ‘cupaires’ no están incómodos al hacer un escrache a otro partido, sino al ir al Parlament 

La crítica mayoritaria que se ha hecho al escrache de la sede del PP desde la óptica soberanista es que perjudica al procés. Y efectivamente, es así. Pero eso no es lo más relevante. La condena por intentar ocupar la sede de otro partido es el hecho en sí. Sin matices de oportunidad. No hay buenos y malos momentos para atentar contra la libertad de los otros. Excepto si militas en la lógica revolucionaria, porque la revolución se impone, no se pide por favor; y en este punto la CUP es de una coherencia digna de elogio.

EL PARTIDO MÁS TRANSPARENTE

La CUP es coherente con sus postulados políticos cuando irrumpe en la sede de un partido. Su incomodidad y sus contradicciones están en el Parlament, en dar apoyo al Govern, en sentirse atrapada en la telaraña de un proceso del que desconfía profundamente porque no entiende el aplazamiento de la desobediencia frontal al Estado y porque, a sus ojos, el procés la ha obligado a bailar con una pandilla de corruptos en el peor de los casos, o con los cómplices de la explotación del sistema capitalista, patriarcal y autonomista en el mejor.

La CUP es el partido más transparente del arco parlamentario catalán desde el punto de vista ideológico y programático. Juega con las cartas al descubierto. Nadie puede sorprenderse de lo que hace, ha hecho o hará, porque solo ha hecho, hace y hará aquello que está en su naturaleza. Es la CUP: una y libre. Grande, aún no.