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Ventana de socorro

Protagonistas y espectadores

Ángeles González-Sinde

Chicos y chicas reconocen que el sexo es un asunto tabú incluso en el 2017

Un total de 80 adolescentes de cinco institutos de Madrid han trabajado con la Fundación Lydia Cacho para reflexionar sobre la trata de personas con fines de explotación sexual. La herramienta es el teatro y las cinco funciones resultantes han podido verse este fin de semana. Tras las obras, que ellos mismos escribieron e interpretaron, seguía un debate con el público y ese era la segundo beneficio de la propuesta: los chicos y chicas contagiaban a sus familiares y compañeros de aulas lo aprendido.

Lección número uno: es un problema que nos atañe; nuestro país tiene un altísimo índice de trata y de consumo de prostitución. Lección número dos: la explotación sexual, como la violencia contra las mujeres, son solo el extremo más visible de un mal que se extiende por todas las capas sociales y todas las generaciones, el machismo y los prejuicios que hacen a muchos hombres sentir que poseen más derechos que ellas y las llevan a ellas a aceptarlo por costumbre o porque es arriesgado oponerse. Lección número tres: cuando los chicos y chicas se convierten en agentes de reflexión moral y se les da el espacio y el protagonismo para abordar los conflictos, el avance es rápido y duradero en el tiempo.

APRENDER DE LA HIJA

De todo esto hablaron los ponentes que presentaban el programa 'Piel con Piel', pero también el público. "Yo he aprendido de mi hija", decía una madre. Alguna hija también se quejaba con guasa de que en casa se había abierto un tema inesperado y no siempre cómodo: el sexo. Chicos y chicas reconocían que es un asunto tabú incluso en el 2017. Se habla entre risitas o no se habla, aunque se practique con normas y obligaciones tácitas, pero que se instalan muy pronto en el modo de relacionarse de las jovencísimas parejas. "Ahora sé detectar los micromachismos", afirmaba Julia, alumna. "Las situaciones de dominio y sumisión sean de 'bullying' o de sexismo se dan en todos los centros -explicaba un docente- la diferencia es la actitud de los espectadores, los otros alumnos, si van a callar y tolerarlo o les ofrecemos mecanismos participativos para involucrarlos y resolverlo entre todos".

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