ANÁLISIS

Unión Europea: Vamos perdiendo

Europa era, por encima de todo, una idea. Y entre todos la mataron y ella sola se está muriendo

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Protesta contra el trato de la UE a ñps refugiados en el río Tíber, en Roma, coincidiendo con la cumbre.

Protesta contra el trato de la UE a ñps refugiados en el río Tíber, en Roma, coincidiendo con la cumbre. / EFE / GIUSEPPE LA ROSA

Esto no funciona, entre otros motivos, porque las viejas instituciones de acción colectiva –es decir, los poderes políticos— fueron concebidas para ser independientes y ya no sirven para un mundo interdependiente, advertía Zygmunt Bauman: “Hoy los problemas más importantes superan el marco de los estados y las decisiones que se toman no pueden afrontar su gravedad”, añadía. “La tecnología lo está transformando absolutamente todo: cómo nos comunicamos, cómo compramos, cómo nos relacionamos, cómo nos educamos, cómo viajamos... excepto cómo nos gobernamos”, le decía también semanas atrás a este diario Moisés Naím. Y lo peor es la sensación de que vamos en sentido contrario.

Tras haber visto a la ONU sumirse en la irrelevancia en las últimas décadas, ahora es la Unión Europea (UE) la que se hunde entre patéticos llamamientos a la unidad. Del mismo modo que las ‘reformas estructurales’ con el presunto objetivo de salvar el Estado del bienestar se están cargando de forma implacable el Estado del bienestar –por no hablar de lo de Grecia--, todo parece indicar que la UE “indivisa e indivisible” pero a ‘distintos ritmos e intensidades’, otro eufemismo que simplemente esconde la fractura entre concepciones irreconciliables de lo que debería ser Europa, va a certificar la defunción del proyecto de integración europea.  

Si se consuma, este fracaso va a ser una pésima noticia sobre todo para los propios europeos, que vamos a perder con ello toda opción de frenar nuestra decadencia demográfica, económica y geopolítica y seguir pintando algo en el mundo de la segunda mitad del siglo XXI. Pero también lo será para el resto de los habitantes del planeta, que perderán así lo que pese a todo podía seguir siendo un referente de progreso social y en materia de derechos humanos. Si es que la mezquindad –para ser suaves y educados– con la que la UE trata –tratamos-- a inmigrantes y refugiados no le había quitado ya todo sentido.

LA ISLA IMPOSIBLE

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Europa era, por encima de todo, una idea. Y entre todos la mataron y ella sola se está muriendo. El abismo entre gobernantes y gobernados ha traído estos lodos, la explosión de los neonacionalismos y sus soluciones simples a problemas complejos. Bruselas se ha convertido en una especie de monstruo, sí, pero ningún país va a resolver por sí solo el calentamiento global, ni las debilidades e inequidades del sistema financiero, ni todo lo que conlleva el fenómeno migratorio. Ningún país va a poder ofrecer una isla de prosperidad económica y social, igualdad y seguridad a sus ciudadanos, por mucho ‘brexit’, mucho muro de México y mucha valla de Hungría (y de Ceuta, y de Melilla).

La pregunta es a quién va a beneficiar este disparate. Y me temo que sea a los de siempre, a los que sacan tajada de todo deterioro y fragmentación del poder político por cuanto favorece su supeditación al económico, a los chicos de Warren Buffett, el que dijo aquello de: "Hay una guerra de clases, de acuerdo, pero es la mía, la de los ricos, la que está haciendo esa guerra, y vamos ganando".