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¿Cambio de hora? ¡Que sea el último!

Xavier Bru de Sala

Por fortuna, las 16 horas de luz del verano no nos las quita nadie

Como muy bien dice la nota de la Reforma Horària, el cambio de hora ha dejado de tener sentido. ¿Pero, en qué sentido no tiene sentido? Ya que sufren debate y confusión en este punto, se han limitado a emitir el comunicado ahora, de forma que debe suponerse que están en contra de este cambio de hora. Pues, bien, que sepan que la gente, por lógica, conveniencia y bienestar, está en contra del otro cambio de manecillas, el del otoño, no este.

Es tan evidente que el error, o la pirula, de los de la Reforma Horària no cabe en ninguna cabeza. A ver, señoras, qué es mejor, en junio, disponer de luz desde las 5 de la madrugada hasta las 9 del anochecer o de las 6 a las 10. Las que quieran luz natural de 5 a 6 de la mañana y que a las 9 ya oscurezca, que levanten el dedo. Oh, no veo ningún internauta que lo eleve. Parece pues que no hay color. Así que no debería haber discusión. Por eso se han pasado de listos y han elegido una forma indirecta, en apariencia sutil pero bastante burda, de fastidiar a la gente. Pero se les ha visto el plumero. Por fortuna, las 16 horas de luz del verano no nos las quita nadie, que si el despotismo ilustrado pudiera llegar tan lejos, volveríamos a la caverna.

¿MÁS ACCIDENTES?

Según parece, entre la buena gente de la Reforma Horaria, porque lo son, y andan cargados de razones y de buenas intenciones, todavía los hay que no han bajado del burro del horario de invierno. Dicen cosas como esta: si alargamos las tardes de invierno saldremos de casa a oscuras y habrá más accidentes. ¡Ay caramba! ¿Acaso son profetas? La experiencia invernal del norte de Europa no indica incrementos de siniestralidad, y allí salen de casa que es muy de noche porque disponen de dos horas menos de luz que nosotros. Encima, todo está helado.

Por desgracia de los partidarios de más Europa, parece que los estados no pueden decidir por su cuenta dejar atrás la pesadilla del otro cambio de hora. Así que deberemos esperar a la confluencia de dos factores. Primero, que los alemanes se decidan a suprimirlo; y segundo, que encuentren la forma de imponerlo.

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