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Unzué no es un nombre de cortesía

Albert Guasch

Cuando Luis Enrique anunció hace unas semanas que se sale de la caldera azulgrana a final de temporada, varios nombres se iluminaron enseguida como posibles sucesores. Juan Carlos Unzué apareció tenuemente, como por cortesía. Y, sin embargo, pasan los días y le van saliendo avales desde el vestuario. Sergi Roberto, héroe de la remontada entre las remontadas, ha sido el último en asegurar que el número 2 actual les sirve a los jugadores como número 1. Quizá fuera una declaración meramente elegante, de quedar bien. Menuda grosería habría sido decir otra cosa, ¿no? Pero es así como se va fortaleciendo la candidatura de Unzué.

El técnico navarro, acreditado como el experto táctico de las acciones a balón parado, ha admitido a su entorno que desea con ganas reemplazar a Luis Enrique. No le consta que la directiva barcelonista haya tomado una decisión. Nadie le ha dicho nada. Y eso alimenta sus esperanzas. Dijo esta semana en la Volta que espera "no tener más tiempo para la bicicleta la temporada que viene". Esto es, quiere entrenar y, sea dicho de paso, no quiere volver a ser el número 2 de nadie.

Unzué responde a ese técnico amigo de las tecnologías que reclama el club, es decir, no se presentará con una pizarra y una tiza. Conoce muy bien la casa, mantiene buena relación con el presidente Bartomeu y no genera anticuerpos en los futbolistas. Además, no es arisco con el mundo exterior como su jefe actual. ¿Es eso suficiente? A saber. El candidato principal, Ernesto Valverde, tiene también apariencia de maneras suaves, lo que nunca se sabe si es una virtud o un defecto, y tiene una oferta de la Premier, sea dicho también de paso.

LA DECADENCIA

No hay trincheras acusadas respecto a la elección del nuevo entrenador. A unos les gustará un nombre más que otro, pero no estamos ante un dilema shakesperiano, un Mourinho versus Guardiola a escala menor. Nadie en el club se pregunta qué se quiere ser. Se da por consabido cómo se quiere jugar. En ese sentido, todo apunta a una elección sin curvas, sin mareos graves, resignada en el peor de los casos.

El nuevo técnico azulgrana, por muy audaz y dueño de un estilo que sea, deberá gestionar la decadencia de un superequipo lleno de treintañeros. Por ahí la caldera puede quemar. Y también debe ser tenido en cuenta.

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