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La alcaldesa de Barcelona, Ada Colau.

ALBERT BERTRAN

La creación de un nuevo PSUC topa con obstáculos

Joan Tapia

La competencia entre las dos nuevas izquierdas radicales surge ahora como el primer problema

La doble crisis -la económica y la del Estatut- han provocado un tsunami en el mapa político catalán, tradicionalmente dominado por el catalanismo de CDC y la izquierda del PSC. Convergència pasó del posibilismo a la independencia como programa mínimo, rompió con los democristianos de Duran Lleida (que no sobreviven) y, al asumir el credo de ERC, volvió a colocar al viejo partido de MaciàCompanys y Heribert Barrera en la centralidad. CDC ya buscó el abrazo de Oriol Junqueras en las plebiscitarias del 2015 y en las dos últimas legislativas, ERC batió de largo a un PDECat con líder menguante y sin hoja de ruta propia.

En la izquierda, el PSC era dominante desde la crisis del PSUC, aunque a menudo tenía que gobernar con un pacto -no amistoso pero sólido- con la ICV de Rafael RibóJoan Saura y Joan Herrera. Pero todo ha cambiado.

El PSC ha perdido votos y sufrido el abandono de parte de su sector nacionalista (no de Raimon Obiols ni de Àngel Ros), pero estas escisiones no han dado ningún start-up serio. Salvo que Ernest Maragall y Toni Comín tienen cargos en ERC y Ferran Mascarell pasó a CDC, mientras que otros -Antoni Castells- optaron por el pase a la reserva.

Por su parte, ICV se ha visto favorecida y arrastrada a la vez por la oleada de dos nuevas izquierdas radicales: Podem Catalunya y la Barcelona En Comú de Ada Colau. Y estos componentes, más o menos revueltos, lograron la alcaldía de Barcelona, tuvieron un inesperado mal resultado en las plebiscitarias y ganaron -la coalición En Comú Podem- las dos últimas legislativas bajo la batuta de un político cauteloso, Xavier Domènech, impulsado por dos socios diferentes: Colau (el principal) y Pablo Iglesias.

UN ESPACIO HETEROGÉNEO

¿Puede fructificar este conglomerado en una fuerza -un nuevo PSUC- a la izquierda del PSC que le arrebate la hegemonía de la izquierda? Quizá, pero es un espacio algo heterogéneo. ICV es un punto sólido, pero son Podem y Barcelona En Comú los que más militancia de protesta aportan. Y se ha visto este fin de semana que Podem se opone al esquema de unificación propuesto por Colau y Domènech.

Pocos dudan de que la coalición, de una u otra forma, se volverá a repetir en las próximas elecciones. Pero el partido único es otra cosa. La dificultad es su pacto de gobernanza. El duo Ada Colau-Adrià Alemany genera recelos, aunque opere a través del suave Domènech. Y Albano Dante Fachin, el líder de Podem elegido en primarias en julio pasado y apoyado en un referéndum interno con 3.900 participantes, no quiere ir a la fiesta de la unificación del 8 de abril. ¿Qué piensa Iglesias? Hay quien dice que huele influencias errejonistas.

La cuestión es si un nuevo PSUC -dominante en la izquierda- es posible en la Catalunya del 2017. En la Transición la victoria del PSC debió mucho al empuje de Felipe González. Ahora no hay Felipe... ni se le espera. Pero Iglesias no tiene la capacidad de adaptación al medio que tenía entonces el joven líder del PSOE. ¿Bueno para Junqueras, que no tiene la hipoteca conservadora de Pujol?