Ir a contenido

La lucha por la paridad

La tendencia a comer compulsivamente tiene mucho que ver con la desigualdad de los sexos

Se acerca el buen tiempo y con él, la operación biquini. Cuando era adolescente y luego una mujer joven, estar delgada era un asunto al que dedicaba tiempo y atención. Demasiado. No quiere decir que lograra mis objetivos y que alguna vez estuviera satisfecha con la apariencia física que la naturaleza me dio. Está claro que esa misma insatisfacción sigue estando presente en gran parte de la población, a tenor del bombardeo de publicidad, productos y mensajes en torno a nuestra figura y peso. Curas mágicas, ya lo sabemos, no existen, lo que sí es real es el aumento de la obesidad entre niños y adultos y, por otro lado, de los trastornos de la alimentación. Según algunos estudios, los TCA, trastornos de la conducta alimentaria, afectan a entre un 11% y un 16% de la población adolescente. Paralelamente, España es el primer país de Europa y el cuarto del mundo en número total de intervenciones de cirugía estética y el primero en pacientes menores de 21 años. La modificación de las mamas o de la nariz parece ser un regalo relativamente frecuente y aceptado que las jóvenes piden a sus padres.

ANOREXIA, BULIMIA O AMBAS

Si cuando yo tenía 18 años a mi alrededor eran comunes las toxicomanías, en especial la heroína (pertenezco a esa generación diezmada por el caballo), hoy el problema al que nos enfrentamos madres y padres es la anorexia, la bulimia o ambas combinadas. Sin haber llegado a padecer ese nivel de trastorno (tuve suerte, a veces la simple suerte marca la diferencia), era consciente de que mi relación con el comer no era la deseable. Los días se dividían en buenos y malos según lo que lograra reprimir mi impulso de comer (soy comilona). Cada bocado que llevaba a mi boca era seguido de cálculo, reflexión o arrepentimiento, según tocara. 

Hice todas las dietas: la Scarsdale, la del médico de Córdoba (mandabas unos análisis de sangre a un sitio, y a vuelta de correo un médico cuya cara nunca habías visto te devolvía tres grandes botes de pastillas), la de hidratos, la de contar calorías, la disociativa, la antidieta… Pero lo único que me sirvió fue un librito que encontré en un puesto de segunda mano y cuyo título me llamó la atención: 'Fat is a feminist issue', decía, «la gordura es una cuestión feminista». Nunca se ha publicado en España y no entiendo por qué, ya que otros de esta misma autora, la reputada psicóloga británica Susie Orbach, sí lo están. Quizá sea porque el libro salió en 1978. En España estábamos en otros asuntos; no imaginábamos un futuro en el que mujeres y niñas, por estar delgadas y acomodarse a una norma, fueran capaces de dejarse morir de hambre ante la impotente y angustiada mirada de sus familias.

EL IDEAL DE LOS ANUNCIOS

Pero Orbach sí lo intuyó cuando a principios de los 70 empezó a trabajar en grupos de terapia para mujeres. No quiero caer en la simplificación de un problema que causa tanto sufrimiento, pero Orbach viene a decir que la gordura, la tendencia a comer compulsivamente, tiene mucho que ver con la desigualdad de los sexos. 

El cuerpo es un síntoma que expresa una tragedia: la dificultad para acceder a la plenitud de derechos de una sociedad patriarcal 

Algunas mujeres, en un nivel inconsciente, comemos de más para no ser esa mujer ideal de los anuncios, para rebelarnos porque no queremos conformarnos con ser un estereotipo; otras, para estar seguras de que nos quieren por quienes somos, no por lo que parecemos; en algunos casos, para ocupar más espacio, mostrarnos fuertes, poderosas, parecernos a las figuras de autoridad y que nos tomen en serio; también para desexualizarnos y no participar de ese juego competitivo llamado la jungla de los solteros; otra veces, para protegernos y hacernos invisibles bajo nuestra capa de grasa, alejarnos de agresiones y de juicios externos. La tesis de Orbach es que comemos demasiado o demasiado poco no porque tengamos un apetito incontrolable, sino insatisfecho, pero no de comida. En otras palabras, el cuerpo no es ni el problema ni el objetivo, sino un síntoma que expresa una tragedia: la dificultad para acceder a la plenitud de derechos y las constricciones de una sociedad patriarcal sobre las mujeres.

EL FIN DE LAS DIETAS

También hay hombres gordos, objetarán, y algunos comen en exceso por motivos emocionales. La cuestión es cómo les juzga la sociedad por ello y cómo se valoran a sí mismos. Debería hacernos pensar que el 85,5% de los pacientes mundiales de cirugía estética sean mujeres, y otro tanto puede decirse de quienes siguen dietas de adelgazamiento y tratamientos de belleza.
 
La relación de las mujeres con nuestro cuerpo es conflictiva y radicalmente distinta de la de los hombres. Bien vale una reflexión. Orbach ha terminado dedicando su carrera a ella. Colaboradora habitual de prensa, tiene también un programa de radio en la BBC. Sus libros son muy recomendables y casi lectura obligatoria para cualquiera a quien se le esté pasando por la cabeza abordar, por enésimo año consecutivo, la operación biquini. Para mí, desde luego, supusieron el fin de las dietas. 

0 Comentarios
cargando