Ir a contenido

AL CONTRATAQUE

Más de 400 asesinatos no se han resuelto judicialmente; por las víctimas, esta paz no debe consolidarse sin memoria

Recuerdo que aquel día la expresión de su cara era muy diferente. Era un político bastante más simpático que la media y de los más directos y claros que han pasado por el tablero español. Pero aquella mañana estaba especialmente contento. Antonio Basagoiti conectó con el programa 'Los Desayunos' de TVE desde Bilbao para a hacer la primera valoración al anuncio del cese definitivo de la banda terrorista ETA. Aquella mañana del 21 de octubre del año 2011 el entonces presidente del PP de Euskadi nos contó algo que nunca había comentado en público.

Nos contó que cada día, cuando salía de casa para ir al trabajo, sufría una fuerte angustia física y mucha ansiedad porque no sabía si volvería por la noche. Cada día lo mismo. Año tras año. Una angustia vital porque no sabía si al cerrar la puerta habría visto a sus pequeñas hijas por última vez. Porque él sabía que fueron muchos padres durante muchos años que no pudieron despedirse de sus hijos. Porque no sería el primero al que ETA podría asesinar de manera cruel y cobarde al salir a la calle por pensar diferente. Porque así fue en el caso de 829 familias rotas.

Porque Basagoiti, como tantos y tantos cargos políticos, fuerzas de seguridad, jueces o periodistas, conocía de cerca el dolor de la pérdida. Porque él, como tantos y tantos, conocía esa sensación de miedo que se agarra en cada músculo, ese terror que corta la respiración y no te deja dormir. Ese desasosiego que un día se convierte en algo más que un susto.

UN NUEVO CAMINO

Este viernes, que ETA ha anunciado que da un paso más para entregar definitivamente las armas he vuelto a hablar con él. Ahora vive en México y aún no conocía la noticia. Se ha enterado durante la conversación. Estaba feliz. Aquellas sensaciones negativas han desaparecido y la esperanza que asomaba entonces empieza a confirmarse.

Hace seis años me dijo: "ETA ha dicho que están dispuestos a bajar la persiana. Pero les queda cerrar el negocio". Es en lo que estamos ahora. Un tiempo diferente para tanta gente que vivió y sufrió la amenaza, el acoso y la muerte. Un tiempo que queda muy lejos de los años de plomo, años durísimos como aquel 1980 donde ETA asesinaba a una persona cada cuatro días. El año más cruento. Noventa y dos asesinatos.

Queda lejos en el tiempo pero no tanto para las familias de las víctimas. Según varias organizaciones, más de cuatrocientos asesinatos no se han resuelto judicialmente. Por las víctimas esta paz no debe consolidarse sin memoria. Es la parte más importante que toca abordar en el nuevo camino que comienza ahora.

0 Comentarios
cargando