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Tal vez esté un poco chapada a la antigua, pero para mí leer un libro a dos es como hacer un trío, algo que no funciona nunca

Hace unos días, cené con una amiga periodista que me contó que había entrevistado al gran Ian McEwan, uno de mis escritores favoritos, y que este le había dicho que tenía la costumbre de leer con su mujer. Mi amiga añadió que leer con la pareja le parecía algo maravilloso y que ella también lo hacía con su marido. 

Asentí con gran entusiasmo porque estoy un poco harta de que mis amigas casadas me consideren el anticristo de la relaciones estables y porque, en general, me gusta estar de acuerdo con mis amigos. Pero unas horas más tarde, ya en casa, dándole vueltas a la conversación, pensé: leer en pareja me parece lo más espantosamente cursi que se puede hacer con alguien (yo estoy muy a favor de la ternura, que es muda, y muy en contra de la cursilería, que es exhibicionista y latosa). 

Entonces escribí a Juan Tallón para pedirle su opinión. Me contestó: "Leer juntos es el último intento de rescatar una relación acabada, supongo: ‘No sabían qué hacer por salvar lo suyo y se pusieron a leer juntos’" y añadió, antes de despedirse: "Ahora en serio, no me parece que sea ni bueno ni malo". 

Pensé que tenía razón. Pero seguí sin verlo claro. Tal vez esté un poco chapada a la antigua, pero para mí leer un libro a dos es como hacer un trío, algo que no funciona nunca (como las relaciones abiertas, otra bobada experimental que tampoco funciona nunca). Yo, cuando estoy con un libro, quiero estar con ese libro y con nadie más. En mi relación con un libro, juego, me acerco, me alejo, remoloneo, coqueteo y finalmente, si hay suerte, me entrego a él como me entregaría a un hombre, de manera absoluta y excluyente. ¿Qué pintaría en medio de eso un marido? Sería una traición imperdonable al libro. 

ALMA DE CASANOVA

Si juegas limpio (y si te gusta leer), mientras estás con un libro le perteneces, la única voz que oyes es la suya. Tal vez por eso los escritores seamos tan competitivos, cada vez que alguien nos lee está en juego la posesión de una persona durante un rato. Por eso es tan importante ser leído. Los que tenemos alma de Casanova, deseamos que nos lea el mundo entero, los más refinados desean sobre todo ser leídos y aceptados por los paladares más expertos y exigentes.

Ni siquiera me gustan demasiado los libros subrayados por alguien que no sea yo, prefiero navegar sin mapas, o solo con los míos. Me ha ocurrido alguna vez pedir un libro prestado y darme cuenta de que la persona solo había subrayado memeces. El peor momento en una relación de pareja es cuando un día, de repente, sin querer, piensas: "Dios mío, este tío es tonto". Y te sigues comiendo la sopa tranquilamente.  Eso no pasa con los libros, y cuando pasa, es mucho más sencillo: lo tiras a la basura y listo.  

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