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IDEAS

No te va a doler: arte rápido, dentista lento

Miqui Otero

Aquella Nochebuena descubrí que podías tener la vida de una persona en tus manos. Concretamente, la de un dentista argentino. No deja de ser irónico que un dentista sea bocazas, ya que el verano anterior le había dicho a mi madre:

-Si se le cae esta muela, me corto las pelotas.

Ella, en un gesto entre melodramático y macabro, convertida en la cuarta hermana Brönte, abrió su mano y dentro, en el estuchito de su sortija nupcial, le mostró mi muela rota. El dentista argentino enmudeció por primera vez desde el primer llanto.

Martin Amis, por ejemplo, ha analizado de forma más brillante el estado de su boca que el Estado de Inglaterra

Desde aquel silencio emparento creación artística con salud bucodental. Martin Amis, por ejemplo, ha analizado de modo más brillante el estado de su boca que el Estado de Inglaterra. En 'Experiencia' explica cómo heredó las malas encías de su madre y los malos dientes de su padre: "Lo sé todo sobre la maestría musical de los dolores de muelas. Pueden ser rock, blues y soul; doowoop y bebop; heavy metal, rap, punk y funk". Desde que se arregló la boca, firma peores novelas. Y su ídolo, Nabokov, escribió "Lo-li-ta: la punta de la lengua emprende un viaje de tres pasos desde el borde del paladar para apoyarse, en el tercero, en el borde de los dientes" años después de haber perdido los suyos a los 40.

Ayer pasé por delante de una clínica de mi barrio, con aspecto de 'coworking' escandinavo, que se anuncia como 'Slow Dentistry'. Hasta ahora, ir al dentista era un trámite que se arrostraba con dignidad y rapidez, pero ellos parecen afirmar en su elogio de la odontología lenta: "Prisas, demonios, prisas… Ya nadie tiene tiempo para leer 'Rayuela' a la luz dorada de un parque, para paladear el arcoíris de matices de un empaste sin prisa".

Quizá se está creando una corriente que incluirá otras ramificaciones: 'slow' cola en Correos, 'slow' consulta telefónica a un banco, 'slow' colonoscopia. Quizá a medida que se acelera el consumo cultural, convertidas las novelas en memes y las canciones en politonos, todo el resto de nuestra vida, todo lo peor de nuestra existencia, se ralentiza. Arte rápido y dentista lento: relájate y disfruta. No te va a doler. Tampoco a curar. 

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