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AL CONTRATAQUE

Es probable que en algún caso los políticos estén diciendo la verdad, pero empieza a ser muy complicado distinguir el grano de la paja

"Que a mí me conste, financiación ilegal no ha habido". "Nadie podrá probar que no son inocentes". "Yo no tengo por qué dudar de las personas a las que usted se refiere". "Todas las donaciones son legales y están reflejadas en las cuentas". "Hay una operación política contra nosotros". "Nuestra contabilidad está auditada por el Tribunal de Cuentas, que no ha detectado ninguna irregularidad". Todas estas frases son de personas distintas de partidos distintos ante acusaciones relacionadas con irregularidades financieras.

Sin embargo, son perfectamente intercambiables. Esperanza Aguirre con la presunta financiación ilegal del PP de Madrid, Rita Barberá con la presunta financiación ilegal del PP en Valencia, Mariano Rajoy con la presunta financiación ilegal del PP nacional o Artur Mas con la presunta financiación ilegal de CDC. 

El patrón de actuación es siempre igual. Primero, hay una negación categórica de las acusaciones y una defensa de los gerentes, a ver si con un poco de suerte se tranquilizan y no se lían la manta a la cabeza. Hay que transmitir convicción, a ver si con un poco de suerte es posible disuadir a los jueces. 

El segundo paso es presentarse como víctima de una operación política, a ver si con un poco de suerte los ciudadanos se dejan llevar por los colores y mantienen la confianza. Este paso suele combinarse con un ataque furibundo a los medios de comunicación, a ver si con un poco de suerte al periodista le tiemblan las piernas y da un paso atrás. 

TONTO PERO NO CORRUPTO

Hay un cuarto paso, que llega cuando la cosa se va complicando y el hedor de las evidencias se torna insoportable. Consiste en empezar a desmarcarse de los señalados por la justicia argumentando que si algo pasó, fue sin el conocimiento del máximo responsable. Venga, a ver si con un poco de suerte todos creen que eres tonto, pero no corrupto.

La fase aguda del paso cuarto es el sálvese quien pueda, a ver si con un poco de suerte la justicia y la opinión pública se conforman con las cabezas de otros y el que manda puede seguir aferrado al sillón con todo en su sitio. Suele producirse cuando el subordinado se harta y empieza a largar. 

Y aquí llegaríamos ya al quinto y definitivo paso: soltar lastre, abandonar a los que inicialmente eran inocentes, decir que son unos mentirosos, a ver si con un poco de suerte además de ser tonto, la gente cree que fuiste una víctima más. Se está gestando el sexto paso, aún en construcción. Se vislumbra ya en el horizonte una agudización del engaño con el lenguaje. ¿Qué es corrupción? ¿Cuándo llega la imputación formal?

Es probable que en algún caso los políticos estén diciendo la verdad, pero empieza a ser muy complicado distinguir el grano de la paja.  

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