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VENTANA DE SOCORRO

Con cada hurto nos llega el mensaje de que debemos estar más atento y debemos desconfiar. ¿De quién? Del otro

Cada tres minutos a alguien le roban un móvil en España. Son tan caros y tan ubicuos que resulta una manera sencilla de sacar dinero rápido. Cuando te han robado te sientes despojado. Alguien aprovechó tu debilidad. Te descuidaste o no estuviste suficientemente alerta mientras viajabas en el Metro, tomabas una café, ponías un mensaje… Te vieron. Te eligieron. Te robaron.

El bolso, la cartera, el teléfono… Nos parece un milagro si reaparecen. Cuando nos roban tenemos la sensación de vivir en una jungla donde impera la ley del más fuerte o del más espabilado. Entramos en casa y encontramos todo patas arriba. Manos desconocidas han revuelto nuestras pertenencias. Sentimos asombro y luego repugnancia. ¿Habrán tocado esto? ¿Habrán manoseado lo otro? Entran ganas de lavar los cajones, el armario, la casa entera, como si virus y bacterias lo hubieran contaminado.

Nos sentimos golpeados. Ese robo, aunque no haya mediado intimidación, nos deja el cuerpo magullado, sin energía. Tardamos en reponernos, repasamos cómo ocurrió y lo que perdimos. Nos decimos “no hay que ponerse así, son solo objetos materiales”, pero hay algo más. Con cada robo nos llega claro y alto un mensaje: “Hay que estar más atento, siempre alerta, siempre vigilante, no puedes confiar.” Vivir con la constante conciencia de ello puede ser demoledor, aunque solo sea una temporada.

DESCONFIEMOS

Es lo que buscan líderes políticos como TrumpLe PenNeil Farage y otros, también nacionales. Crear un relato lo llaman. Un cuento en el que nosotros somos protagonistas: si echamos de menos algo, es porque nos lo han quitado. ¿Quién? El otro: extranjero, inmigrante, la elite, el musulmán, el refugiado… Tiene varias caras. Los líderes de la derecha aprovechan bien los automatismos de nuestra psique y nos proporcionan sencillas explicaciones: ¡Te han robado! ¡Ojo avizor! ¡Desconfía! ¡Protégete! Como los anunciantes de alarmas en la radio, pintan un panorama negro: tras el robo el apocalipsis, pérdidas que provocarán otras pérdidas. No nos dejemos engañar. Desconfiemos, pero del que excluye.

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