Opinión | Las lenguas en la Unión Europea
Catedrática de la Universitat de Barcelona.
ESTRELLA MONTOLÍO DURÁN
El esfuerzo traductor más importante de la historia
El enorme trabajo lingüístico de las instituciones europeas pretende garantizar la igualdad de todos los ciudadanos ante la ley

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Imaginemos una organización con 24 lenguas oficiales. Algunas las hablan el 16% de sus ciudadanos; otras, apenas el 1%. No importa. Todas ellas tienen la misma relevancia y fuerza jurídica; ninguna de ellas puede prevalecer sobre otra. Los miembros de esa organización rara vez dominan o conocen más de dos o tres de esos 24 idiomas. Por tanto, es necesario un ingente trabajo, cotidiano y sostenido, de traducción: unos 2.500 traductores traducen un promedio de dos millones de páginas por año.
Formulado en otros términos: el servicio de traducción más grande del mundo. El esfuerzo traductor más importante de la historia de la Humanidad.
Por cierto, estoy hablando de la Unión Europea.
Unos 2.500 traductores se encargan de traducir un promedio de dos millones de páginas por año
¿Y por qué tan descomunal obstinación en respetar la diversidad lingüística de los estados que constituyen la UE? Parecería más fácil, más eficiente y más barato, por el contrario, elegir una sola, quizá el inglés (dado su dominio planetario), el francés o el alemán, como única lengua oficial de la institución. Esta decisión aliviaría la titánica labor de traducir a 24 lenguas casi todo lo que se escribe oficialmente en la Comisión. Y reduciría los costes y dinamizaría la gestión de una manera quizá significativa.
Pero escuchemos otro estribillo distinto para la misma canción: adoptar como oficial una única lengua, que necesariamente no sería la propia de, pongo por caso, estonios, eslovacos, italianos, austriacos, polacos, suecos… ni españoles, franceses o alemanes, implicaría que un muy elevado porcentaje de la población sentiría la legislación europea como algo ajeno y foráneo. César Montoliu,César Montoliu traductor del área de español de la UE, explica que la filosofía de las instituciones europeas es que imponer en la práctica un monolingüismo funcional acarrearía también importantes desigualdades internas entre los ciudadanos comunitarios, ya que algunos de ellos, bien sea porque tienen un dominio excelente del inglés, bien sea porque sus lenguas propias tienen una misma raíz anglogermánica, estarían en mucha mejor disposición de entender y manejar las normas, reglamentos y demás legislación europea que otros ciudadanos, hablantes, por ejemplo, de lenguas eslavas o románicas, quienes quedarían en situación de desigualdad ante la ley, pues la entenderían en un porcentaje menor.
Así, el esfuerzo traductor descomunal de la UE tiene su razón de ser en la voluntad de garantizar la transparencia, la democracia y la igualdad de todos los ciudadanos europeos ante la ley.
CAPACIDAD EXPRESIVA REDUCIDA
Tener que bregar con una lengua que uno domina poco y mal constituye un estrés que hemos experimentado muchos de nosotros, especialmente durante los estadios iniciales de aprendizaje de una lengua extranjera. Si un hablante nativo medio domina un léxico de unas 12.000 palabras, en el caso de un hablante no nativo ese léxico se restringe a la mitad y, con ello, se reduce proporcionalmente su capacidad expresiva.
¡Qué torpe y lento y simplón se siente uno intentando entender y comunicarse en una lengua que no conoce bien! ¡Y qué desamparado si además se trata de un procedimiento, como el jurídico, que rige sobre nuestras vidas y nuestro patrimonio! Eso explica la broma que corría en el seno de la Comisión Europea de que se quería hacer negociar el 'brexit' a los británicos… ¡en francés! para que el resto de los europeos no estuvieran en inferioridad de condiciones respecto de los ciudadanos del Reino Unido.
Visto así, Europa es un continente que no quiere rendirse al monopolio lingüístico –y, en consecuencia, mental- del inglés; y el presupuesto de dos euros al año por ciudadano que supone la traducción (menos del 1% de todo el presupuesto europeo), quizá no haya que considerarlo un gasto, sino una inversión.
EL DOMINIO DEL INGLÉS
Y sin embargo… la realidad indica que el inglés se ha impuesto como lengua común de trabajo en las instituciones europeas. Un estudio deL 2009 revela que el 90% de las primeras versiones de los documentos europeos se redactaban en inglés. Y en un inglés muy peculiar, resultado de la simplificación propia de hablantes no nativos (letones, portugueses, húngaros, luxemburgueses, belgas, etc.): el llamado 'eurojargon', 'eurish' o 'globish', una suerte de dialecto del inglés que funciona bien en Bruselas y Luxemburgo, pero que a menudo no entienden los propios británicos. Las instituciones europeas se han anglificado, claman algunos.
¿Qué tenemos? ¿Qué queremos? ¿Una Europa multilingüe o una Europa del 'eurojargon'?
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