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Los jefes de Osàcar y Bárcenas

Olga Grau

Los tesoreros de los partidos políticos son como los directores financieros de las empresas, obeden órdenes de sus jefes

El caso Palau y el caso del 3%, lejos de parecerse a la serie estadounidense House of Cards en la que el político demócrata Frank Underwood, encarnado deliciosamente por el actor Kevin Spacey, urde sofisticadas e inteligentes conspiraciones, se asemejan más a un comic de Mortadelo y Filemón.

Vean si no la cutrez del asunto. Millet anotaba en un libro de contabilidad de gastos domésticos sus fechorías. Con dinero salido de una caja fuerte del Palau, saldó multas, compró regalos de boda, productos de farmacia y hasta cepillos de dientes. En su cuaderno también daba cuenta de los presuntos pagos a CDC haciendo de intermediario entre constructoras como Ferrovial y el partido convergente. Esta semana, se ha conocido también en el marco de la investigación del caso del 3% que políticos de CDC como el exconseller Germà Gordó habrían pedido presuntamente a empresarios el pago de ‘mordidas’ a cambio de contratos de obra pública y cómo se amañaban los concursos.

En la trama han aparecido calcetines embutidos de relojes de lujo y fajos de billetes de 500 euros enrollados en periódicos en manos de un exdirectivo de la empresa pública infraestructures.cat.
Tanta cutrez hace pensar que, lejos de encontrarnos ante un entramado subterráneo de financiación ilegal de un partido, más bien asistimos a un funcionamiento muy extendido, conocido y tolerado por amplias capas de la sociedad, incluso normalizado, en el que corruptores y corruptos se intercambian los papeles en función de las circunstancias.

Y la lacra no solo afecta a CDC, este lunes empieza el juicio por el caso Pretoria que implica de nuevo a los convergentes, pero también al PSC. Se sentarán en el banquillo los exaltos cargos de CiU Macià Alavedra y Lluís Prenafeta y el exalcalde de Santa Coloma de Gramenet Bartomeu Muñoz.

Llama la atención poderosamente el papel de los tesoreros. Esta figura en un partido es el equivalente al director financiero de una empresa. Se trata de un cargo de confianza del director general y del presidente, con escasa autonomía cuya planificación financiera obedece al plan estratégico diseñado por la cúpula.

¿Alguien se puede creer que Daniel Osàcar en CDC Luís Bárcenas en el caso de la caja B del PP fueran versos libres? Desde luego pensar que un partido recibe chorros de dinero ilegal sin que sus máximos dirigentes se llamen Mariano Rajoy o Artur Mas lo sepan es tratar a la gente de estúpida. Porque de ser así, habría motivos para despedir fulminantemente a la cúpula.

Los Millet, los Montull o los Bárcenas de turno se quedaban una parte de la mordida para ellos. Pero que sean delincuentes no quiere decir que no obedecieran órdenes.

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