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MIRADOR

Millet y el hámster

Joaquim Coll

La corrupción ha abierto un enorme boquete en la línea de flotación del nuevo PDECat

No hay duda de que Carles Puigdemont en su oficio de periodista sabe hacer buenos titulares. Con su “referéndum o referéndum” logró el apoyo de la CUP a la moción de confianza y, más tarde, a los presupuestos del 2017. Con esa máxima disfrazó de marcha hacia adelante lo que tácticamente era un paso atrás a tenor de lo votado por Junts pel Sí en el Parlament el primer día de la legislatura.

Con el referéndum imperativo liquidaba la hoja de ruta de los 18 meses, a cambio de hacerse fuerte en la exigencia de una negociación con el Estado. Ganaba tiempo sin dejar de exhibir radicalismo. Esta semana, a las pocas horas de que Fèlix Millet reconociera la financiación ilegal de CDC y añadiera al final de su declaración el latiguillo de que esa era "toda la verdad", Puigdemont contratacaba en sede parlamentaria con otra frase para el recuerdo: "El hámster ha salido de la rueda. Ya ha llegado la hora de la verdad".

Que el 'caso Palau' se haya convertido en el juicio sobre la corrupción del viejo partido de Jordi Pujol y Artur Mas debilita estructuralmente el independentismo, al abrir un enorme boquete en la línea de flotación del nuevo PDECat. La corrupción no va a dar respiro en las próximas semanas a los neoconvergentes. No solo el 'exconseller' y diputado Germà Gordó va a tener que dar muchas explicaciones; también Puigdemont como exalcalde de Girona puede estar salpicado por el 3%, según la Fiscalía Anticorrupción.

El 'expresident' Mas está muy tocado, pero la reacción es negar la mayor y el enroque político. La duda es si la crisis en el PDECat va a acelerar o retardar el desarrollo de los acontecimientos. Para Puigdemont el hámster se ha escapado de la jaula, curiosamente tras la confesión de Millet. Estamos ante el extraño caso de una formación de centroderecha que hace suya, como retrataba sarcásticamente el presidente de Catalunya Sí que es Pot, Lluís Rabell, la vieja retórica insurreccional de la extrema izquierda: "Provoquemos una reacción airada del Estado que así se radicalizará el pueblo y conseguiremos nuestros objetivos".

Al lado de este discurso incendiario, que alarma a los que hasta ahora se encontraban instalados en la equidistancia del conflicto, se entrecruza la lógica de la supervivencia política. Los neoconvergentes están sin blanca, sus expectativas en las urnas son malas, no saben quién encabezaría su candidatura y tendrían muchas dificultades para que algún banco les diera un crédito con el que pagar la campaña electoral.

Así pues, ¿por qué no seguir estirando la legislatura un poco más?, se preguntan algunos diputados que temen por su futuro. Volviendo a cambiar las elecciones constituyentes, una vez que el referéndum quede anulado por el TC y no pueda materialmente celebrarse, por una declaración de independencia como respuesta a “ese Estado opresor”, mientras se invoca la mediación europea o cae del cielo algún reconocimiento internacional. Puede que el hámster haya dejado la rueda, y se acerque la inaplazable hora de la verdad, pero todo indica que el simpático roedor que simboliza el proceso seguirá dando muchos tumbos.

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