CONTRA EL MACHISMO

«¿Qué se ha creído esta tía?»

Por favor, no presionéis más a las mujeres para que denuncien los comportamientos machistas. Reclamad a los hombres que lo hagan

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Protesta contra el machismo.

Protesta contra el machismo.

¿Acaso te quieres tumbar encima de él?, me preguntó esbozando media sonrisa asquerosa el gerente de aquella radio, cuando le pedí un piano en el estudio nuevo. Como si no le hubiera entendido, me centré en el bonito ambiente musical que crearíamos cuando los músicos tocaran en directo. 

Quizá sí que quería recabar mi opinión sobre las cortinas el director de aquel canal de televisión el día que insistió en que subiera con él a su piso recién estrenado. Era cosa de un momento dejar los papeles,  y luego hablaríamos tranquilamente del programa mientras tomábamos algo. Mi trabajo me costó no atravesar prácticamente el umbral de la puerta y opinar como si nada sobre la decoración.

Me dirigía a la redacción subiendo las escaleras centrales, cuando en el rellano me giré de golpe y mi mano derecha se estrelló en la cara de mi compañero. Se quedó atónito. No entendía mi reacción después que él colocara la suya en mis posaderas. Yo debía estar contenta de que él se hubiera fijado en mis nalgas pasando a la acción. ¿Qué más puede desear una mujer que agradar?

ABUSOS MÁS SUTILES

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Relato ahora estos tres episodios, porque es ahora cuando me lo puedo permitir. Las cosas no han cambiado tanto en el ámbito profesional. En todo caso, son más sutiles. Pero continúa habiendo más hombres de los que reconocemos que abusan de su situación de supremacía de poder. 

No presionéis más a las mujeres, por favor, para que denuncien. Reclamad a los hombres que lo hagan. Son ellos los que tienen que denunciar a sus congéneres. Son ellos los que se convierten en sus cómplices cuando consideran que estos comportamientos son «normales». Y en lo que se refiere a las mujeres, os diría: de rodillas, nunca, en ningún sentido. Aguantad que al salir del despacho alguien diga: «¿Qué se ha creído esta tía?» Si no pagáis peaje, no podréis circular por la autopista, pero con la cabeza alta, seréis más fuertes y encontraréis carreteras alternativas para llegar a destino. Nadie os podrá detener y disfrutareis del paisaje.