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De izquierda a derecha, el primer ministro italiano, Paolo Gentiloni, el francés, François Hollande, el español Mariano Rajoy y la cancillera alemana Angela Merkel.

AFP / MARTIN BUREAU

Rajoy en el directorio europeo

Enric Hernàndez

Las crisis de la UE y la resistencia del presidente aúpan a España al puente de mando. Adiós al sueño del independentismo de que Europa medie en su favor

España ha pasado, en apenas seis años, de ser el enfermo de Europa a integrarse en el equipo facultativo que trata de revitalizarla. Sin ánimo de sumarnos a la procesión de hagiógrafos que ahora ensalzan a Mariano Rajoy y su sordo liderazgo, lo cierto es que su presencia en la cumbre informal de Versalles, junto a los dirigentes de Alemania, Francia e Italia, devuelve a España al puente de mando de la Unión Europea, atalaya a la que Felipe González logró asomarse pero que José María Aznar sustituyó por el rancho tejano de George Bush.

La crisis económica y su pésima gestión política han devastado a la Unión y a muchos de sus líderes, que ahora, con el pretexto del 'brexit', intentan estabilizar la nave comunitaria, enderezar su rumbo y soltar lastre. Pero lo hacen sin antes haber puesto orden en sus respectivos patios traseros. 

De los reunidos en Versalles, François Hollande y Paolo Gentiloni apuran sus agitados mandatos, y la cancillera Angela Merkel va a remolque en los sondeos del socialista Martin Schulz, con la xenófoba Alternativa por Alemania asomando el hocico. Así que, para lo que se estila en Europa, la inestable estabilidad de la que Rajoy goza es casi un remanso de paz.

"PIEL DE ELEFANTE"

Diferentes factores, muchos exógenos, han contribuido a la rehabilitación de España en la escena europea. Como la traumática baja del Reino Unido. O el drama griego de Alexis Tsipras. O la caída de Matteo Renzi, gran antagonista de RajoySin olvidar el viento antieuropeísta que sopla del Este ni el fantasma del populismo, corporeizado en la candidatura de Marine Le Pen a la presidencia francesa. Pero sería injusto desdeñar la insospechada resistencia política demostrada por Rajoy, esa "piel de elefante" que tanto admira Merkel.

En esa Unión a dos o más velocidades España sube a primera división; podrá hacer y pedir favores. Se desvanece así el sueño independentista de "internacionalizar el conflicto" con la esperanza de que Europa medie en su favor, tire a Rajoy de sus antidemocráticas orejas y le obligue a otorgar a Catalunya el derecho a la autodeterminación, a riesgo de alterar las fronteras comunitarias.