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EL DEBATE SOBERANISTA

Francesc Homs junto a Artur Mas, Irene Rigau y Joana Ortega a las puertas del Tribunal Supremo, en febrero del año pasado.

JUAN MANUEL PRATS

El Estado como argumento

Joan Subirats

Atacar al Estado como institución, como hacen Puigdemont, Mas y Homs, implica generar un repliegue defensivo en el que el PP tiene todas las de ganar

La línea de defensa de los procesados por la consulta del 9-N y del Govern de Junts pel Sí ha escogido al Estado como el interlocutor a enfrentar. El punto de conflicto ya no es si es posible un referéndum. El tema se sitúa en la esencia del propio Estado español. Mas, Homs y Puigdemont han relacionado los juicios en marcha con la situación de un estado en situación de quiebra estructural. Se afirma que un Estado (no un gobierno) incapaz de asumir que la gente vote es un Estado democráticamente fallido. Homs ha llegado a afirmar que una condena de los procesados implicaría «el fin del Estado español». Puigdemont ha calificado de «enfermo» al Estado de derecho vigente en España. Y Mas entiende que es el Estado como tal (y no el Gobierno en sentido estricto) el que agrede a Catalunya. No es que no haya razones para discutir la calidad democrática del Estado, pero convendría no circunscribirlas a la cuestión catalana. Puede generar efectos contrarios a los buscados sin ampliar las posibles alianzas.

Esta escalada no favorece los intereses de aquellos que, como yo, quisiéramos ver reconocida la condición de sujeto político propio a Catalunya. Y no lo favorece ya que reduce las capacidades de alianza que puedan articularse con fuerzas políticas que, o bien reconocen esa realidad plurinacional o bien pudieran propiciar marcos de acuerdo. Y, al mismo tiempo, disminuye las posibilidades de sintonizar con facciones de esas fuerzas o con sectores de la ciudadanía del conjunto del Estado, como dice la encuesta CIS, que creen que ha llegado la hora de afrontar el tema desde la negociación y el acuerdo y no desde el silencio y la cerrazón. 

Las prisas no favorecen el salir bien parados de este escenario, y más bien pueden generar errores de bulto que reduzcan las posibilidades de avanzar en algo para mí tan de cajón como el reconocimiento de Catalunya como nación. Atacar al Estado como institución implica generar un repliegue defensivo en el que el PP tiene todas las de ganar dada la debilidad del PSOE y el entreguismo de C’s. Y puede ser también usado a escala internacional como ejemplo de despropósito. Nos estamos equivocando.