03 abr 2020

Ir a contenido

OPINIÓN

Andrés Iniesta, en el banquillo del Camp Nou.

EFE / QUIQUE GARCÍA

Un guardián del ADN Barça

Joan Carles Armengol

No sabemos quién será el relevo de Luis Enrique en el banquillo del Barça. A estas alturas, nos bastaría que lo supieran el presidente Josep Maria Bartomeu y el secretario técnico Robert Fernández, que han tenido mucho tiempo para preparar la sucesión, desde el  mismo momento en que el técnico asturiano les avanzó en septiembre las serias dudas que tenía sobre su continuidad. Ya nos enteraremos del nombre del elegido. No hay prisa.

Pero el elegido, a mi juicio, debería cumplir una serie de condiciones ineludibles para proseguir con la época deportiva más dorada del equipo y para recobrar los valores y el estilo que le han llevado a estas altas cotas que ahora peligran. El banquillo del Barça no puede ser una sucesión de grandes técnicos que engrosan su palmarés a costa de dejar atrás tierra quemada y muy poco legado. Desde los años 90 del siglo pasado ha quedado demostrado que hay una manera Barça de jugar que, además de gustar a la afición propia y enamorar a las rivales, es el salvoconducto más seguro a los títulos.

Por lo tanto, mi nuevo inquilino preferido para el banquillo del Camp Nou es un entrenador, contrastado o no en la élite, que tenga un sólido pasado azulgrana, que sea guardián del ADN Barça en la forma y el estilo de jugar y que no margine una cantera que, pasada la crisis de la sanción de la FIFA, está de nuevo en condiciones de aportar jugadores al primer equipo. Sin un técnico que crea en todo ello, ¿de qué sirven los casi 30 millones de euros que el club invierte cada año en la Masia?