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Dos miradas

Autobús de Hazte Oír con el mensaje polémico

El bus del odio

Emma Riverola

Los que idearon la campaña de Hazte Oír no debieron nacer miserables y ruines, pero es evidente que en eso se han convertido, además de ignorantes

Declaración de las Naciones Unidas: «Reafirmamos el principio de no discriminación, que exige que los derechos humanos se apliquen por igual a todos los seres humanos, independientemente de su orientación sexual o identidad de género». Es decir, más allá de la atracción emocional, afectiva y sexual que se tenga por otra persona (sea o no del mismo género) y más allá de la vivencia interna e individual del sexo (que puede corresponder o no con el asignado en el nacimiento). No es complicado de entender, es una cuestión de libertad y respeto. De derechos.

Un autobús se paseó por Madrid y amenazó con recorrer otras ciudades. Pagado por la plataforma ultracatólica Hazte Oír, pintado de un naranja chillón, con las siluetas de un niño y una niña (esta, con coletas y falda, no vayamos a confundirnos) y un mensaje insultante: «Los niños tienen pene. Las niñas tienen vulva. Que no te engañen. Si naces hombre, eres hombre. Si naces mujer, seguirás siéndolo». Los que idearon la campaña no debieron nacer miserables y ruines, pero es evidente que en eso se han convertido, además de en ignorantes. La transfobia no es una cuestión de libertad de expresión, es un atentado a los derechos humanos, una incitación a la discriminación y al odio. Que además la campaña esté dirigida a niños es repugnante. Las alcaldesas Carmena, Colau y Marín no permitirán que el bus del odio recorra nuestras calles. Para el acoso social sí debe haber mordaza. 

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