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Messi celebra su gol ante el Atlético.

EFE

Cuestión de fe

Sònia Gelmà

Fe es la que demostró Messi siguiendo ese balón hasta meterlo en el fondo de la portería de Oblak. Fe es la que tiene Neymar balón tras balón, enzarzado en su duelo con los defensas pero ofreciéndose una y otra vez, rebelándose ante esa dinámica medio triste que arrastra el equipo. Como fe, pero no precisamente buena es la que demostró Simeone dejando el césped alto y seco.

Fe es a lo único que puede entregarse el barcelonismo que no encuentra argumentos futbolísticos a los que aferrarse para creer en este equipo. Una fe basada en el crédito de años anteriores, y en la calidad y el talento que tienen y que no pueden haber perdido.

Eso y que, por comparación, el líder tampoco parece ser excesivamente fiable. En Villarreal, el Madrid volvió a caminar por el alambre aunque esta vez sí que pudo remontar el 2 a 0 inicial. Y sí, le ayudó una decisión arbitral, pero el ruido solo sirve para desviar tanto a Barça como a Madrid de lo que realmente les hará ganar o perder esta liga: el juego.

Quizás será a través del resultado como los jugadores de Luis Enrique recuperarán la confianza pero solo el juego les puede llevar al título. Estamos a punto de entrar en marzo y el temor después del partido del Calderón es que quizás esto es todo lo que podemos esperar. Un equipo competitivo, sí. Con coraje. Con capacidad de sufrimiento. Dispuesto a defenderse desde la inferioridad, incluso. Pero sin brillantez, sin fluidez, sin alegría, sin juego.

INSTINTO DE SUPERVIVENCIA

No parece que haya alternativa, o mejoran o que vayan pensando en la próxima liga. El instinto de supervivencia que ha demostrado el equipo puede ser el punto de partida, pero esa virtud como único argumento difícilmente llevará a la victoria final. Parece difícil que el Barça pueda aspirar al título yendo contra su naturaleza, lo dijo ayer mismo el capitán, jugar bien no es un adorno, es una necesidad.

Pero como optimistas hay en todas partes, también hay quien dice que si han llegado hasta aquí así, con esa irregularidad y sin ninguna fase brillante, por qué no creer en que esto pueda ser suficiente hasta el final. Quizás este sea el año en que esta vía, que hasta ahora sólo ha sido válida para el Madrid, también sirva para el Barça. Porque los blancos, para los cuales el recorrido nunca ha sido lo más importante, también habrán ganado algún título jugando bien, incluso por error.

Como ven, todo es cuestión de fe. De creer y de querer creer. Y si hablamos de fe, hay quien cree en Dios, y quien cree en Messi.

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