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NÓMADAS Y VIAJANTES

Aunque después de una década con Correa hay ganas de cambio, todo apunta a que Moreno será presidente en primera o en segunda vuelta

Este fin de semana es puente de carnaval. Muchos ecuatorianos temen que al terminar de la farra el miércoles de ceniza se van a encontrar con la sorpresa de la victoria de Lenín Moreno en primera vuelta. Parece imposible, pero nada lo es en Ecuador y menos en fechas festivas. Con el 99,5% escrutado, el discípulo de Rafael Correa logra el 39,3% frente al 28,1% del conservador Guillermo Lasso. Para vencer en primera vuelta, la ley exige superar el 40% de los votos con una diferencia de 10 puntos sobre el segundo. Al candidato de Alianza País le faltan unas décimas.

En las últimas horas, la guerra de fondo se centra en el presidente de la Comisión Nacional Electoral, Juan Pablo Pozo, a quien el oficialismo acusa de extralimitarse en sus tareas por decir el jueves que la tendencia era irreversible y que habrá segunda vuelta.

LENTO ESCRUTINIO

El miedo al fraude ha estado presente toda la semana. El lento escrutinio, sobre todo a partir del martes, disparó las alarmas en las redes sociales y en la calle. Después de 10 años de Correa hay ganas de cambio. Solo necesitan un buen candidato.

El hecho de que cerca de un 30% de votos no hayan ido a los dos primeros permite pensar que una hipotética segunda vuelta será reñida. En contra de Lasso juegan varios factores: es muy conservador –antiaborto y anti matrimonio gay– , tiene un discurso plano, casi soporífero. No enamora. Es difícil que la izquierda que ha abandonado a Correa en los últimos cuatro años vote por Lasso.

CORREA, DESATADO

Se percibe un gran nerviosismo en la Alianza País, el partido de Correa, quien anda tan desatado en Twitter como el presidente de EEUU. Lenín Moreno tiene gancho, es simpático, bromista y conciliador. Fue vicepresidente de Correa en los primeros cuatro años, trabajó mucho por los discapacitados (él está en silla de ruedas). Su problema es su candidato a vicepresidente, Jorge Glas, salpicado por varios casos de corrupción. Glas es muy impopular, un símbolo de los errores del correismo.

No resulta sencillo escribir sobre Correa. Es un personaje complejo que polariza: se le quiere o se le odia. Para la derecha latinoamericana, y la de su país, está contaminado por su afinidad con Hugo Chávez y Evo Morales, a quienes meten en un único saco bolivariano. Hay tantas diferencias entre ellos, y entre sus países, que esgrimir esa supuesta unidad ideológica es el primer error de bulto.

Las gestiones económicas de Correa y Morales son superiores a la del último Chávez, y muy superiores a la de Nicolás Maduro, que gobierna un país empobrecido. Es cierto que los tres lo tuvieron fácil cuando el petróleo cotizaba por encima de los 100 dólares el barril. Incluso los enemigos de Correa le reconocen haber cambiado el país en estos 10 años. Pero sus logros en educación y sanidad quedan empañados por la corrupción.

SENSACIÓN DE ESTANCAMIENTO

Correa no solo desata la inquina de la derecha, también la de los sindicatos, los estudiantes y las organizaciones sociales, que le acusan de traición a sus ideas. Hablan de una transformación del presidente en estos últimos años, en los que ha dominado todo el poder sin ningún tipo de contrapeso. Hay una deriva autoritaria que se ha reflejado en una ley de prensa intervencionista y en la persecución sistemática de periodistas, manifestantes y opositores. El Correa caudillo estuvo a punto de meter en prisión al dibujante Xavier Bonilla, conocido por Bonil, por una viñeta crítica.

Ecuador empieza a salir de dos años de recesión después de varios de crecimiento. Aunque los precios del petróleo vuelven a tirar del PIB (el Banco Central eleva la previsión del 2017 al 1,45%, bastante más del 0,4% del Banco Mundial), hay sensación de estancamiento. También afecta a la política. Correa dice que Ecuador debe descansar de él y él de Ecuador. En la primera parte de la frase hay un amplio consenso.

LAS IZQUIERDAS DE AMÉRICA LATINA

Si en América Latina hay varias izquierdas no es fácil encasillar el presidente ecuatoriano, un macho alfa católico, antiabortista y anti derechos LGTB. Por un lado estarían Maduro y el nicaragüense Daniel Ortega. Por otro la chilena Bachelet. El uruguayo Mujica es una izquierda ética en sí mismo. A Cristina Kirchner se la podría incluir en el primer grupo en algunas de sus políticas. Evo Morales parece conservar sus sueños transformadores pese a que también peca de deriva autoritaria, que sería de baja intensidad si se compara con Maduro.

Veremos cómo acaba el carnaval y qué depara la cuaresma. Todo apunta que Lenín Moreno será presidente en primera o segunda vuelta. Sería un gran golpe de humor: Lenin en Ecuador en los tiempos de Donald Trump.

Temas: Ecuador

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