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Xavi Hernández en el partido entre el FC Barcelona y el Deportivo, su despedida de la afición del Barça

JORDI COTRINA

Que vuelvan los peloteros

JORDI PUNTÍ

¿Qué equipo veremos esta tarde en el Vicente Calderón? El interrogante ha sobrevolado toda la semana y, poco a poco, ha ido cambiando del negro al gris y del gris al blaugrana. ¡Qué poco necesita el aficionado del Barça para volver a animarse! Siete días sin futbol para descargar la tensión y relajar la mente; una derrota importante del Real Madrid en Valencia; unas imágenes del entrenamiento del jueves, con los jugadores del Barça sonrientes; la intuición de que el Atlético llegará más cansado tras su partido de Champions...

Han pasado 12 días desde el desastre de San Valentín en París -esa noche con título de mala novela romántica- y la distancia nos ayuda a entender mejor el significado de esa derrota. Más allá de la crueldad de los cuatro goles, hay que abrir el objetivo y observar el paisaje. El barcelonismo, incluidos los jugadores y técnicos, salió de esa jornada con la sensación que el equipo está dejando de ser una referencia firme en el panorama internacional.

ECHANDO DE MENOS A XAVI

Durante años el Barça ha sido la envidia de los demás equipos, ha protagonizado en Europa un estilo que resultaba atractivo porque transmitía una idea del futbol bella y efectiva y que pocos se atrevían a discutir. El juego del PSG empezó a cambiar esta dinámica. En esta misma jornada de Champions, una sensación similar dejaron la solvencia del Juventus en Porto (0-2), y la apisonadora del Bayern de Múnich frente al Arsenal (5-1, con dos goles de Thiago Alcántara).

En París, la respuesta de los blaugranas no acabó de llegar, una situación que esta temporada ya se ha vivido en la liga. Sin caer en ventajismos, la impresión es que por fin echamos de menos, de una forma obvia, al gran Xavi en el centro del campo. O quizá haya que decirlo de otro modo: la figura de un Xavi, de lo que representaba: esa obsesión de Johan Cruyff con los “peloteros”.

MÁS AGRESIVIDAD

Desde una apuesta personal y a veces descreída, Luis Enrique creó su propio modelo de un Barça de toque y posesión. En su primera temporada empezó contando poco con Xavi, pero luego fue rectificando hasta perfilar un equipo de transición desde el modelo afianzado por Guardiola Tito. La marcha de Xavi al futbol árabe fue capeada con un centro del campo más agresivo, que dio buenos resultados, y una mayor presencia técnica de la defensa a medida que los rivales descubrían el chollo de presionar arriba la salida del balón. No es difícil imaginar que este año la llegada de Denis Suárez y André Gomes, junto con el aporte de Rafinha Arda Turan, podía haber sido un retorno al espíritu de los peloteros, pero no acaba de cuajar.

Hubo una época que esos nombres estaban en la Masia -subían ya enseñados al primer equipo-, y quizá sigue habiéndolos, pero a Luis Enrique no se le ve muy interesado en estas opciones. La directiva, por otra parte, tampoco se desvive por consolidar el futbol base. Puede que por ahí el futbol europeo haya empezado a vernos con otros ojos: ya no les sorprendemos con jóvenes promesas salidas de la nada, ese famoso ADN blaugrana que una vez hizo exclamar a Arsène Wenger: “Convierten lo normal en arte”.

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