11 jul 2020

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EL SISTEMA TERRITORIAL

Vista general de la conferencia de presidentes autonómicos celebrada en el Senado.

JOSÉ LUIS ROCA

Financiación en una España federal

Alain Cuenca

Necesitamos más confianza mutua, transparencia y cooperación entre todos los gobiernos para gestionar los recursos que los ciudadanos ponen a su disposición pagando impuestos

Que la apuesta independentista en Catalunya termine fracasando es más que probable. La cuestión entonces -pronto- será: ¿qué ocurrirá con la organización territorial de España? En mi opinión caben dos posibilidades: un retroceso en la capacidad de autogobierno o un paso adelante hacia una Constitución federal. Muchos pensamos que la única vía para articular la convivencia será esta última, es decir renovar el pacto social con más unión y más respeto de la diversidad.

Para ello, leyendo a los especialistas en Derecho Constitucional sabemos que, entre otras reformas, será necesario clarificar la distribución competencial entre niveles de gobierno, crear instituciones y mecanismos que permitan conformar las decisiones colectivas (Senado, conferencia de presidentes o similar), y acordar símbolos en los que todos nos sintamos cómodos. Además, habrá que instaurar un nuevo sistema de financiación territorial. Ello exigirá aprovechar lo positivo de estos 40 años de democracia y mejorar aquello que hemos hecho mal. La financiación territorial consistirá en reforzar la responsabilidad tributaria, establecer un criterio aceptado de igualdad y mejorar la cooperación mediante una cultura federal. 

Lograr un sistema de financiación federal es posible si se resuelve el problema político de fondo: de qué manera queremos seguir viviendo juntos

MÁS RESPONSABILIDAD

La autonomía en materia de impuestos de Catalunya (y las demás comunidades de régimen común) es notable. Por ejemplo, cuando accedió a la presidencia de la Generalitat, Artur Mas decidió dejar de recaudar 261 millones de euros, el 1,1% de los ingresos de aquel año (2011), ampliando la reforma del impuesto de sucesiones y donaciones. Más significativa es la posibilidad de alterar el IRPF, dado que Catalunya es competente sobre el 50% de la tarifa. Sin embargo, la Generalitat no pudo recaudar un euro por receta, ni se le permite modificar el tipo de IVA, entre otras limitaciones. En una España federal hay que lograr que la capacidad autónoma para recaudar impuestos sea mayor y que los electores así lo perciban cuando votan. Son posibles diversas fórmulas, pero todas requieren más confianza entre las instituciones. Por ejemplo, si se optara por separar totalmente en dos partes el IRPF, sería imprescindible una agencia tributaria única e integrada, al servicio de todas las administraciones y cuya gobernanza se determinase por un Senado federal, que representara bien a los territorios.

MÁS IGUALDAD

Actualmente los recursos disponibles para políticas sanitarias, educativas y sociales en País vasco y Navarra duplican al del resto de comunidades, lo que representa un grado de desigualdad insoportable. Una España federal debería reducir de forma paulatina las diferencias financieras con los territorios forales. Existen fórmulas para ello, respetuosas con el concierto y el convenio, que conducirían a una contribución más solidaria con el resto de España.

Por otra parte, no se ha logrado hasta ahora hacer explícito el criterio de igualdad. Una opción, que es generalmente aceptada, sería igualar la financiación por habitante de los servicios competencia de las comunidades, una vez se tienen en cuenta los indicadores de necesidad y, obviamente, para un esfuerzo fiscal estándar. Este objetivo respeta la ordinalidad y es factible, pero exige dotar al Gobierno central (o federal) de herramientas eficaces para realizar políticas de desarrollo que contribuyan a la convergencia regional. Así, el Fondo de Compensación Interterritorial debería ser un instrumento reforzado.

MÁS CULTURA FEDERAL

En nuestra historia reciente hemos padecido una notable falta de transparencia que ha perjudicado la rendición de cuentas democrática y la confianza en las instituciones. Por ejemplo en Catalunya ha sido posible bajar los impuestos a los más ricos y construir a la vez el mensaje de “España nos roba”, felizmente desmontado por Josep Borrell (en ‘Los cuentos y las cuentas de la independencia’, con J. Llorach). Pero también en el resto de España se creía que la política del ‘peix al cove’ ocultaba favores insondables a Catalunya.

Necesitamos más confianza mutua, transparencia y más cooperación entre todos los gobiernos para gestionar los recursos que los ciudadanos ponen a su disposición pagando impuestos. En suma, lograr un sistema de financiación federal es posible si se resuelve el problema político de fondo: de qué manera queremos seguir viviendo juntos. Las opciones reales son recentralizar o apostar por más autogobierno. Confiemos que entre todos seamos capaces de contribuir a hacer una España mejor, probablemente federal.