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Al contrataque

Como un nuevo Vietnam

Antonio Franco

Hay un periodismo que busca regresar a su viejo papel de contrapeso contra los excesos de los poderosos

Aunque siempre he creído que los medios de comunicación deben pasar lo más desapercibidos posible cediendo el protagonismo a sus contenidos, a la credibilidad de las historias que cuentan, a la precisión de sus denuncias y a la calidad de sus explicaciones, me alegra lo que pasa en Estados Unidos. Allí se han convertido en un gran actor público y Donald Trump les ha declarado descaradamente la guerra. Eso, siendo Trump lo que es y encarnando lo que encarna, constituye por sí solo una victoria del periodismo democrático.

En este tiempo en que las viejas formaciones políticas se han desacreditado por tantas incongruencias respecto a sus propios idearios y han cometido tantas traiciones objetivas a la gente, el presidente norteamericano, que es malo pero no es tonto, ha entendido que la buena información es su verdadera oposición. Que la prensa independiente es el principal obstáculo que le impide construir a su antojo un relato mentiroso sobre lo que pasa.

Trump es un gran dominador de las teclas de esa nueva comunicación de masas en la que los ciudadanos reciben juntos y con pocas posibilidades de diferenciarlos los datos objetivos, la propaganda, las opiniones ideológicas y los mensajes en defensa de las conveniencias de quienes tienen altavoces potentes. Lo único que vertebra a quienes le plantan cara son las verdades que explican algunos medios de comunicación. Por eso el nuevo presidente de EEUU les insulta y ha abierto un debate nacional sobre su legitimidad con dos eslóganes: «Deben mantener la boca cerrada» y «Son los enemigos internos del país».

EL VIEJO PERIODISMO

Como saben ustedes tanto por las cosas de allá como por las de aquí, en las últimas décadas, y con pocas excepciones, la prensa  no ha sido un estamento independiente y fiel a los intereses populares. Ni en la de subversión del modelo capitalista protagonizada por los grandes poderes financieros, ni ante la degeneración paulatina del sistema democrático. Pero, consciente de haber cruzado todas las líneas rojas al ponerse al servicio de los que mandaban, ahora hay un periodismo que busca regresar a su viejo papel de contrapeso contra los excesos de los poderosos.

Trump es una excelente oportunidad. Hay que ser prudentes y ya veremos lo que pasa. Pero se multiplican las evidencias de complicidades entre los movimientos populares de defensa de los principios y derechos que hicieron grande a América y bastantes medios de comunicación. 

Recuerda todo esto algo a las sinergias contra la guerra de Vietnam, cuando las informaciones veraces desmitificaron lo que era aquel conflicto, demonizaron a Johnson y movilizaron a muchos norteamericanos para frenar aquel desastre sangriento. 

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