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IDEAS

Podemos jugarnos el trono a piedra, papel, tijera

Miqui Otero

Detectarás al borracho cuando farfulle "yo controlo", al camorrista cuando te suelte un "tranquilo" y al mentiroso egomaníaco cuando maneje dos pronombres en la frase "yo conozco a pocas personas tan honestas como yo". Es habitual que nuestras palabras contradigan nuestras pulsiones, pero quedará para la historia una imagen de Vista Alegre 2: la cúpula de Podemos gritando "unidad" mientras mostraban unos el signo de la victoria; otros, el puño, y los de al lado, la palma.

Esta melé semiótica admite una interpretación: se estaban jugando los sillones a piedra, papel, tijera. No es la única. Está de moda decir que los libros o series solo son productos de consumo que, en el mejor de los casos, adornan nuestras convicciones. Pero Podemos lleva dos años usando símiles con 'Juego de tronos', donde todos se matan por un sillón de hierro. Sin embargo, ese permanente piedra, papel, tijera de la izquierda, acaso contestado por la derecha con una 'peineta Bárcenas', tiene más que ver con aquel pasaje de 'Homenaje a Catalunya', cuando Orwell explica que no distinguió las melodías de sus himnos militares hasta que las escuchó en las líneas enemigas. Así de diferentes y oxidadas eran las trompetas que intentaban tocar, con poca ambición sinfónica, los republicanos.

Estamos dominados por los mecanismos de las ficciones que nos deslumbran; la realidad plagia al arte y no al revés

Decir que Vista Alegre 2 no fue un eco de 'Juego de tronos' sería obviar que estamos dominados por los mecanismos de las ficciones que nos deslumbran; la realidad plagia al arte y no al revés. Ahí está Michael Herr, el cronista bélico: inmerso en un fuego cruzado se sorprendió gritándole "cúbreme" a un compañero, para luego reírse: acababa de descubrir que estaba en Vietnam porque había pasado su infancia viendo películas de la segunda guerra mundial. O Jón Gnarr, cómico punk islandés que, alcanzada la alcaldía de Reikiavik, solo recibía en su despacho a quien hubiera visto la serie 'The Wire'.

Al fin y al cabo, a mí me asaltan las ganas de encasquetarme un tricornio de periódico y retocar mi linaje cada vez que releo 'Barry Lyndon', ese hombre de mundo que huye de la gloria militar: "¡Qué cantidad de actos de delito, miseria, esclavitud se sintetizan en una sola palabra: gloria!".

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