01 abr 2020

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El conseller de Territori, Josep Rull, y la de Habitatge valenciana, Maria José Salvador, en las obras del corredor mediterráneo en Almenara, el pasado abril.

MIGUEL LORENZO

¿Y si ya llegamos tarde con el corredor mediterráneo?

Jèssica Civil

La infraestructura de la conexión ferroviaria con Europa ha acabado teniendo con los años una dimensión y complejidades difícilmente asumibles

La reivindicación del corredor mediterráneo como infraestructura imprescindible para la consolidación y desarrollo de nuestra economía productiva es una necesidad que hay que seguir impulsando, aprovechando la unanimidad que existe sobre su prioridad. Sin embargo, el tiempo que ha transcurrido desde que a finales de la década de los 90 empezaron a escucharse las primeras voces que lo reclamaban hace que hoy podamos visualizar que este macroproyecto se enfrenta a riesgos que hace muy pocos años ni siquiera habíamos intuido. Al margen, es evidente, de las consideraciones y el tira y afloja políticos que lo han acompañado.

Por un lado, este es un proyecto que en su largo recorrido de reivindicación se ha ido agrandando de tal forma que ha acabado teniendo una dimensión y complejidades difícilmente asumibles, tanto en cuanto a su financiación, como en su desarrollo técnico y su calendario de ejecución. Corremos el riesgo de haber generado una obra tan mastodóntica que, incluso, si la comenzáramos a hacer hoy, probablemente, se  acabaría cuando la realidad económica ya habría puesto sobre la mesa nuevas necesidades y realidades.

PEQUEÑOS AVANCES Y PEQUEÑAS SOLUCIONES

Desde otro punto de vista, ya hay quien reclama un proyecto más medido, en el sentido de que con pequeños avances y pequeñas soluciones (caso de la Seat en Martorell) daríamos un paso de gigante en la conexión ferroviaria con Europa, sin necesidad de unir Algeciras con Francia desde el minuto uno. Quizá tenemos que empezar a introducir el término 'corredores mediterráneos', en el sentido de que este proyecto se puede configurar con varias soluciones, todas ellas asumibles y viables, sin necesidad de pensar siempre en la gran solución global.

Quizá es momento de repensar el corredor mediterráneo y adaptarlo a las nuevas circunstancias y realidades

Hay una tercera realidad que puede hacer peligrar esta infraestructura y es que las soluciones tecnológicas aplicadas a la economía productiva, y que responden a las demandas reales, avanzan mucho más rápido que la vía del tren, en el sentido de que ahora ya hay varias iniciativas para fabricar en casa, piezas, productos y componentes que hasta ahora teníamos que importar, gracias a que la tecnología permite reducir sus costes de producción y tiempos de entrega. Este es el caso de las impresoras 3D de gran tamaño que posibilitarían reducir las importaciones de muchos productos que hoy llegan por barco y que necesitan el tren para su transporte.

UN MONTÓN DE OBSTÁCULOS

Se ha tardado tanto y se ha querido ampliar tanto el debate, poniendo también, por qué no decirlo, un montón de obstáculos, que lo que nos hubiera situado en el plano de la competitividad europea lo que ha hecho es ir frustrando infinidad de propuestas, proyectos e inversiones. A medida que pasa el tiempo, lo que hacemos es poner en riesgo una infraestructura que ya hace mucho que va con retraso y que tal vez, ya deberíamos repensar y adaptar a las nuevas circunstancias y realidades. Por lo menos, para hacerla real lo antes posible.