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Dos miradas

Benito y Benet, en una escena de ’En la solitud dels camps de cotó’.

DAVID RUANO

Benet y Benito

Josep Maria Fonalleras

Benet y Benito están colosales en el TNC con 'En la solitud dels camps de cotó', cadenciosos y precisos, frágiles en la frontera del zozobrar

La misma noche del estreno de 'En la solitud dels camps de cotó' que dirige Joan Ollé en el TNC, en un bar, un chico que presumía ante su acompañante decía con arrogancia: «Es lo de siempre, siempre hacen lo mismo con Koltès, dos tíos en el escenario, dos tíos enfrentados que charlan y se discuten y pim-pam, y ya está». Estuve a punto de levantarme de la mesa para destrozarle el argumento (o la nariz) y hacer cesar, con la máxima educación posible, aquella palabrería ignorante. Me contuve. Le podría haber dicho que por supuesto que hacen lo mismo con Koltès, porque Koltès, él mismo, uno de los autores teatrales más decisivos en la Europa del siglo XX, decidió que es así como eran sus obras, sobre todo esta, el combate entre dos hombres –uno que vende y uno que compra, no sabemos exactamente qué producto, qué ilusión– que se enfrentan dialécticamente «para ganar tiempo antes del intercambio de golpes», como dice Jordi Mesalles.

Así es como Patrice Chéreau la representó hace unos años en el Mercat de les Flors. Recuerdo una atmósfera angustiosa, un ambiente claustrofóbico, húmedo y sin esperanza. Joan Ollé ha conseguido reproducir el mismo concepto con elementos diferentes –colosales Benet y Benito, cadenciosos y precisos, frágiles en la frontera del zozobrar– para enseñarnos la violencia de la palabra. Los personajes de Beckett esperaban a alguien más. Los «cuerpos en escena» de Koltès esperan un final. Todavía están ahí, en el TNC.