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Cínicos contra hipócritas

Jordi Graupera

La posverdad no es un eufemismo de la mentira. Es un estado de cosas que traslada la batalla a la esferade la autoridad

La cara televisiva del 'trumpismo', Kellyanne Conway, defendía unas declaraciones falsas del portavoz de la Casa Blanca. El presentador le preguntó por qué el portavoz había dicho una «mentira demostrable» a ojos de todo el mundo. Conway respondió que su compañero solo había presentado «hechos alternativos».

Es sencillo ver en esta afirmación una voluntad explícita de mentir. Pero la clave del comentario es que pone en cuestión los consensos sobre cómo se verifica un hecho. Los seguidores de Donald Trump oyen: «No te puedes fiar ni de la prensa ni de los profesores, los expertos o las estrellas del pop». Y la reacción que esto suscita, basada en hacerse el inocente, como si manipular no fuera el pan de cada día, solo refuerza el comentario.

Muy pocas disputas se resuelven según la veracidad de los hechos. El día que casi llego a las manos con mi amigo madridista (por una decisión arbitral que los dos vimos repetida en la misma televisión, sentados en el mismo sofá), gritábamos, señalando la pantalla: «¿No lo ves?» Esto no significa que la verdad no exista, o que no haya maneras de llegar a consensos, aunque sean temporales, sobre la probabilidad de que una cosa sea cierta. Y es fácil demostrar que los políticos y los comentaristas mienten deliberadamente, igual que hay árbitros y comentaristas que simulan no ver un penalti. 

VALORES DE FONDO

Pero es importante entender que la mayoría de nuestras disputas sobre los hechos son en realidad sobre los valores de fondo que hay detrás de la defensa de un hecho. El error de los que pretenden combatir a Donald Trump o la posverdad es tomárselo como si fuera una disputa racional sobre hechos. Los 'hechos' están totalmente politizados, son armas de guerra que pretenden liberar una verdad más alta.

La posverdad no es un eufemismo de la mentira. Es un estado de cosas que traslada la batalla a la esfera de la autoridad, y renuncia a averiguar qué parte de lo que creemos saber se puede atribuir a la certeza y cuál a la preferencia. Esta batalla siempre acaba beneficiando a Trump y a los autoritarios porque son más explícitos, y el conflicto de valores ocurre no entre verdad y mentira, sino entre hipócritas y cínicos como Trump, que resultan más sinceros.

Si la posverdad ha hecho posible la victoria del nuevo presidente de Estados Unidos es porque la prensa hace años que se ha abandonado al sectarismo más flagrante en nombre de los hechos. Ahora que la prensa está en decadencia y ha perdido influencia, esta falta de autoridad resulta letal. 

CUESTIONAR AL ALIADO

Si queremos evitar la previsible eclosión del 'trumpismo' en Europa, lo primero que debería hacer la prensa es revisar sus intereses económicos ligados a grupos de poder, gobiernos y acreedores. Y acostumbrarse a publicar editoriales que pongan en cuestión a sus aliados políticos. Si el lector percibe que su diario se toma sus sesgos más seriamente que sus intereses, el día que haya que llamar mentiroso a un mentiroso, será creíble

Hoy por hoy, somos una autopista para el 'trumpismo'. La credibilidad de los hechos proviene de la credibilidad de los valores.

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