El reto medioambiental

El 'polucidio' chino

La gravedad del problema de la contaminación puede originar una crisis política en el gigante asiático

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Alerta por contaminación en el norte de China. / ATLAS

La contaminación en China reviste niveles de gravedad creciente. En las últimas semanas se emitió la primera alerta roja a nivel nacional por polución atmosférica. Decenas de ciudades del norte del país se han visto afectadas. Los avisos dan cuenta de que hasta un 62% de las ciudades controladas sufren un alto nivel de contaminación, imponiéndose por doquier los planes de emergencia. En la capital se anuncia la instalación de filtros de aire en las escuelas mientras el ministro del ramo, Chen Jining, entona el mea culpa por la situación pero también por la impotencia a la hora de proponer soluciones que no pueden tener efecto inmediato.

UNA CUADRATURA DIFÍCIL

El control ambiental es uno de los aspectos evaluados con mayor exigencia en las inspecciones centrales de los gobiernos locales. A menudo concluyen destacando los «pobres esfuerzos» registrados a este nivel. Los planes de Pekín con objetivos detallados en materia de aire, agua y tierras contaminadas encuentran dificultades en su implementación. Se sanciona a centenares de empresas, muchas de ellas públicas, y se dictan advertencias, pero sirve de bien poco. Pese a la prohibición del Gobierno, algunas empresas reanudan la producción. Cumplir con la reducción de emisiones tiene implicaciones económicas y sociales que hacen peligrar la consecución de los objetivos de crecimiento y estabilidad. Es difícil cuadrarlo todo.

Las medidas en curso van por buen camino,  pero a corto plazo no calmarán la ansiedad de la sociedad

Hay también un problema importante de confianza. La discrepancia entre las lecturas oficiales de la calidad del aire y la percepción de los ciudadanos es moneda común. Tanto, que el Gobierno ha anunciado una mayor independencia de las agencias de evaluación, poniendo fin a las conexiones oficiales que ahora provocan los conflictos de intereses. Sorprende, en todo caso, que todo ello no derive en la crisis política que tantos temen y que a la vista de la persistencia de un problema tan agudizado podría llegar en cualquier momento.

Las autoridades chinas multiplican las medidas de respuesta ante la enorme preocupación social que provoca la polución y sus efectos en la salud. Desde la creación de una policía ambiental al endurecimiento de las penas en caso de infracción, nuevos y elevados impuestos a la contaminación que entrarán en vigor en el 2018, controles de la densidad demográfica o alivio de la congestión automovilística figuran en cartera.

UN TERCIO DE LAS MUERTES

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Se estima que un tercio de las muertes en China estarán relacionadas con la polución. El esmog es más peligroso que el tabaco. Pero no tiene solución a corto plazo. Nos hallamos ante las consecuencias de una estructura económica cargada de industria pesada, una combinación energética en exceso dependiente de combustibles fósiles y estilos de vida nocivos para el medioambiente.

La reducción del uso de energía por unidad de PIB, la reducción de la proporción de carbón en el consumo energético y la elevación de la cuota de las energías limpias son medidas que van por el buen camino, pero a corto plazo no calmarán la ansiedad de la sociedad china.