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Peccata minuta

Josep Carner. 

'Bèlgica'

Joan Ollé

Lo verdaderamente inquietante es que alguien se haya dedicado tenazmente en Catalunya a dividir a la buena gente

El Govern y su abultado séquito –en nómina, no voluntario– se embarcaron hacia Bruselas para darnos a conocer al mundo, sin apercibirse de que para tal viaje no hacían falta alforjas; con solo abrir un libro por la página adecuada podían tener a Bélgica entera en casa. Es lo que pasa cuando la cultura pasa a ser considerada voluntaria. No, no todo lo que se oye y escucha por Catalunya Ràdio es cultura: la cultura no propaga; propone y acompaña. El derecho a decidir reclama el deber a la información y a la duda, a no ser muchedumbre unánime sino individuo crítico consigo mismo y con el mundo.

Como decía el pasado martes mi director –¡pelota, pelota!–, España no es una dictadura ni Catalunya la Tierra Prometida; solo son un conflicto de intereses por orgullo y dinero, cada uno con su épica y su lírica. Y, puestos a decidir líricamente, abro el libro Llunyania que Josep Carnerel príncep dels poetes, publicó en 1952 desde su muy confortable exilio diplomático en los Países Bajos, y me tropiezo con estas palabras: «Si fossin el meu fat les terres estrangeres, / m’agradaria fer-me vell en un país / on es filtrés la llum, grisa i groga, en somrís, / i hi hagués prades amb ulls d’aigua i amb voreres /guarnides d’arços, d’oms i de pereres; / viure quiet, no mai assenyalat, / en una nació de bones gents plegades, / com cor vora de cor ciutat vora ciutat». 

DIVIDE Y VENCERÁS

Bonito,  ¿verdad?  Tanto como la República Catalana que nos anuncian. Pero el poema sigue: «M’agradaria fer-me vell dins una ciutat amb uns soldats no gaire de debò (...). I tot sovint, vora un portal d’església, hi hauria, acolorit, un mercat de renom, amb botí de la mar, amb presents de la terra, amb molt de tot per a tothom...». No, ni la Boqueria, ni Santa Caterina ni el Ninot –a excepción de su colorido y sus olores pasajeros– regalan nada a nadie, y, para que nadie desobedezca algunas leyes, la Generalitat tiene a los Mossos, sus «soldats no gaire de debò».

No, no se puede invocar la poesía desde la prosa de la astucia y el 3%. El poema Bèlgica casi acaba así: «...viuria enmig dels altres, un poc en cadascú. Però ningú no se’n podria témer en fent sa via». Y en este último verso está la cuestión: es obvio que no todos los no indepes son mala gente, como tampoco lo son los que no piensan ni sienten como ellos. ¡Qué tontería! Pero volvamos al principio: «...viure quiet, no mai assenyalat, / en una nació de bones gents plegades». Lo verdaderamente inquietante es que alguien se haya dedicado tenazmente a dividir –divide y vencerás– a la buena gente. Y lo que me está sucediendo –tal vez esté enfermo– es que cada vez que escucho o veo mi radio o mi televisión pública siento que alguien me señala con el dedo