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Al contrataque

Nada me gustaría más que nuestro presidente cogiera la bandera de lugar hospitalario para el talento y la innovación que Trump ha tirado al suelo

Hace unos días leí la interesante reflexión de un profesor e investigador canadiense después del anuncio del veto de entrada de Donald Trump a ciudadanos de varios países en territorio estadounidense. Richard Florida, de la Universidad de Toronto, expresaba a través de las redes sociales su preocupación porque desde la entrada en vigor de esa polémica medida, Estados Unidos dejara de ser un polo de atracción de talento.

Incluso en el caso de que la medida sea revertida por los tribunales de justicia, este profesor aseguraba que no va a desaparecer el miedo que ha provocado entre los ciudadanos de esos y otros países. Muchos estudiantes con talento dejarán de pedir becas para matricularse allí. Y lo mismo ocurrirá con ingenieros, científicos y trabajadores de otras disciplinas que no querrán arriesgar sus carreras sin saber qué puede pasar con ellos por ser de nacionalidades 'enemigas' del presidente Donald Trump.

De esta manera, Estados Unidos empezará a perder gran parte de su ADN, el 'know how' que ha convertido lugares como Silicon Valley en la gran referencia del sector de la innovación. Con su medida, apunta, Trump se carga dos pilares fundamentales de Estados Unidos: la innovación y la generación de riqueza por la llegada de inmigrantes. (En España, entre finales de los años 90 y principios de la siguiente década según datos de la Oficina Económica de Moncloa, el 30% del crecimiento del PIB se produjo gracias a los inmigrantes. Y el 50% del superávit de las finanzas públicas correspondió a impuestos y contribuciones sociales de la inmigración).

UNA GRAN OPORTUNIDAD

El profesor Richard Florida propone que otros países como el suyo, Canadá, reciban todo ese talento. Invita además a varias capitales europeas como París o Londres a hacer lo mismo. Nada me gustaría más que nuestro presidente Mariano Rajoy (después de cumplir el compromiso de acoger a los más de 17.000 refugiados que prometió) se reuniera con las empresas españolas (como las que se agrupan en la comunidad de Chamberí Valley) y extranjeras que más talento fichan en el terreno tecnológico y siguiera las tesis del profesor canadiense. Coger la bandera de lugar hospitalario que ha tirado al suelo Trump. Escucharle decir qué necesitáis para convertir a España en un país al que admirar por ser santuario de mentes brillantes (y no hablo de regalarles impresionantes ventajas fiscales sin nada a cambio).

Señor Rajoy, otros países ya se han puesto manos a la obra. Dinamarca, por ejemplo, acaba de anunciar que crea la primera embajada tecnológica del mundo. Veremos si una vez más este tren también pasa para España y nos quedamos mirándolo desde la estación viendo cómo se aleja.

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