EDITORIAL

Disfraces para niñas objeto

Los estereotipos sexistas en la infancia son un peligroso exponente de machismo que debe combatirse sin desmayo

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Disfraces sexistas para niños en un bazar de Madrid. 

Disfraces sexistas para niños en un bazar de Madrid.  / JOSE LUIS ROCA

La lucha contra el sexismo es un objetivo ineludible en cualquier sociedad avanzada y no permite ni un instante de titubeo. Queda claro que, desgraciadamente, seguimos muy lejos de que los estereotipos que hacen pervivir la idea de la mujer objeto sean ya solo una lamentable rémora del pasado. El mundo de la publicidad, por ejemplo, continúa ejerciendo de campo en el que se reproducen modelos que fomentan esta inadmisible tendencia discriminatoria de las mujeres.

Resulta por ello lógica la indignación que ha provocado en expertos y en las redes sociales, de la que han participado incluso la alcaldesa de Barcelona Ada Colau y la diputada de En Comú Podem Marta Sibina, un disfraz de enfermera –la profesión de la segunda– para niñas con la imagen de una menor en una postura sugerente. Y no solo eso. El vestido se vende bajo el reclamo de 'enfermera sexy', en cuatro tallas que van desde los 1 a los 14 años. Igual sucede con otro atuendo festivo del mismo estilo, en este caso de bombera con una falda de cuero y tacones de aguja. Al lado de esta lógica reprobación, tampoco faltan voces en el siempre convulso ágora de las redes que apuntan que esa indignación resulta desmedida porque tampoco hay para tanto.

IMAGEN HIPERSEXUALIZADA DE LAS NIÑAS

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Ese es el problema. No se puede banalizar ni frivolizar un milímetro con la cuestión y más cuando afecta a la infancia. Porque esa imagen hipersexualizada de las niñas es un exponente rotundo del machismo que sigue tan arraigado en nuestra sociedad. Es evidente que las niñas pueden disfrazarse de enfermeras y bomberas, y los niños de enfermeros y de bomberos. Pero nunca con esos tics machistas que ya se siembran de la edad más temprana y que alimentan los estereotipos sexistas, con la belleza y el erotismo como únicos valores ligados a la mujer.

El control para que ello no ocurra corresponde en primer lugar al sentido común de los padres. Y si esa conciencia familiar y social no está asentada es responsabilidad de otros organismos poner barreras. En ese sentido, bienvenida sea la denuncia de FACUA-Consumidores en Acción, que intenta localizar al fabricante del modelo. Al margen de la oenegé, sería también conveniente que las instancias públicas extremaran la vigilancia. En tiempo de carnaval, propicio para el desenfreno y el jolgorío, no vale todo. Y menos con cuestiones tan delicadas.